Orquesta Filarmónica Checa. Dir. mus.: G. Albrecht. Solista: E. Leonskaja. Obras de Ligeti, Schumann y Dvorák (Teatro Colón.)
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El Mozarteum Argentino presentó en su cuarta fecha de abono a la Orquesta Filarmónica Checa, un organismo que debutó en 1896 dirigido por Antonín Dvorák a su regreso de su estadía en EE.UU. Ahora, llega hasta nosotros con la conducción del maestro alemán Gerd Albrecht, ampliamente conocido y apreciado en Buenos Aires. El programa, rico y variado, comenzó con una creación de Gyorgy Ligeti, uno de los más trascendentes compositores de nuestra época, siguió con el célebre Concierto para piano y orquesta en La menor, Op. 54 de Robert Schumann y concluyó de manera brillante con la edición de la Novena Sinfonía, en Mi menor, Op. 95, «Del Nuevo Mundo», de Dvorák, del que se agregó, en los bises, una de sus más bellas danzas eslavas.
Albrecht se encuadra dentro del estilo de director alemán formado académicamente, propulsor del repertorio clásico y romántico del centro de Europa, pero que no por ello ha dejado de lado las grandes creaciones contemporáneas. También ha trascendido por su intensa labor docente. Con gesto medido pero expresivo, Gerd Albrecht medió la Sinfonía del Nuevo Mundo con gran refinamiento y profundidad. Llena de matices, la orquesta se oyó técnicamente intachable y con esa nobleza que poseen las agrupaciones europeas respetuosas de la tradición y que prefieren el sonido de tonalidad mate antes que el brillo algo exterior de algunos organismos norteamericanos.
Los cuatro movimientos de Dvorák tuvieron equilibrio, riqueza de planos, reflexión y una curva dramática que se fue intensificando hasta el final de la hermosa obra del compositor checo. La breve e intimidante «Lontano» de Ligeti tuvo sensualidad y una interpretación acorde a sus necesidades tímbricas y amplia densidad orquestal.
El Concierto en La menor de Schumann contó con la actuación destacada de la notable pianista Elisabeth Leonaskaja. Sensible, con un buen fraseo y una dinámica meditativa en exceso, Leonaskaja interpretó una obra que es pura pasión. Seguramente, su mediación no hará olvidar la de Martha Argerich, ideal para la obra de Schumann, pero igualmente debe ser tenida en cuenta por la musicalidad, el pianismo y el respeto estilístico que puso en la ejecución.
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