Emmanuel Mouret (guionista, director y protagonista) y Frederique Bel en «Cambio de dirección
», comedia sobre la búsqueda del amor de un tímido músico de provincia en París.
«Cambio de dirección» (Changement d'adresse, Francia, 2006, habl. en francés) Dir. y Guión: E. Mouret. Int.: E. Mouret, Frederique Bel, Fanny Valette, D. Frilliant, A. Ascaride.
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Por esta pequeña y melancólica comedia romántica, su autor, director y protagonista Emmanuel Mouret fue comparado con Woody Allen y Eric Rohmer en su paso por Cannes 2006. Si bien los motivos de tales equívocos pueden entenderse, no es tan fácil compartirlos.
David (Mouret) es un cornista recién llegado a París, que desde el vamos mira con expresión alelada y ojos hambrientos todo tipo de mujeres, mientras busca un sitio para alquilar. Luego se comprobará que ésa es su expresión habitual, siempre acompañada, además, de un ligero tartamudeo, bastante torpeza y una inocencia a toda prueba.
De la manera más absurda (uno de los méritos del film, al fin y al cabo), conoce a Anne, una verborrágica rubia que tras someterlo a examen, le propone compartir el alquiler de su departamento.
Cuando ambos toman champagne para celebrar la convivencia y él «malinterpreta» algunas flagrantes insinuaciones, se entera de que Anne tiene novio, o eso dice ella, al menos. No importa, él también avizoraun posible objeto amoroso en la persona de Julia, una chica de 19 años, taciturna y callada (vale decir el exacto opuesto de Anne), cuya madre está convencida de que las lecciones de corno pueden alegrarle un poco la vida. A ella dedica David su cuasi bovina idolatría hasta que un cuarto personaje (que es su exacto opuesto) viene a complicarle la vida.
Por suerte tiene a Anne para intercambiar penas de amor en largas charlas de gran simpleza (¿el costado Rohmer?), aparte de algunos otros detallecitos, sin darse cuenta de que quizás el amor de cada uno no está donde ellos creen que está.
No hay mucho más en este film de estructura teatral, agradable de ver, posiblemente mejor escrito que actuado y con un desenlace, voluntariamente cantado, que deja a todos contentos.
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