7 de marzo 2002 - 00:00

Con cautela abre hoy Mar del Plata

Isabel Sarli
Isabel Sarli
H ace un año, el festival marplatense de cine se cerraba con una escena digna de una película «comprometida» de los '70: adentro los organizadores, funcionarios, e invitados extranjeros apreciaban un número de ballet, y afuera los manifestantes de diversas tendencias gritaban y chocaban con la policía (protestaban contra el nombramiento de Ricardo López Murphy en Economía). De pronto, las piedras atravesaron un ventanal del Auditorium, hiriendo a un empleado. ¿Qué pasará en el festival de este año? Por empezar, no hay ballet. Del resto se espera que los espíritus, en la convulsionada Mar del Plata de estos días, estén más aquietados.

El 17° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comienza esta noche, con el menor fasto posible. Ya se sabe, nada de alfombras rojas, ni cocteles suntuosos, ni limusinas. Con suerte, tampoco habrá demasiados manifestantes. Ya el cuerpo oficial de piqueteros, instalado desde hace tiempo en Plaza San Martin, entró en diálogo con el nuevo intendente, así que el sábado, cuando todo el mundo vaya al Teatro Colón, a pocos metros de dicha plaza, se supone que tampoco habrá problemas. O serán de otra índole, más simpática, cuando justo por allí pase Isabel Sarli, estrella de un homenaje apropiadamente llamado «Amores de películas».

El homenaje promete estar lindo. Lo armaron las chicas de «La mujer y el cine», que el año pasado brindaron el momento más emotivo de todo el festival, rindiendo tributo a 70 grandes actrices de la pantalla nativa. Esta vez, se trata de parejas, y prometen estar desde Alberto Castillo, María Concepción César, Ricardo Passano, y Rosa Rossen, hasta Adrian Suar, Gastón Pauls, Fernando Mirás, Cecilia Dopazo, y otros jóvenes, pasando por Isabel Sarli, Jorge Barreiro, Duilio Marzio, Marcela López Rey, Susana Freyre, María Vaner, Mercedes Carreras, Víctor Laplace, Esther Goris, Silvana Roth, Thelma Biral, Lito Cruz, Edgardo Nieva y Virginia Innocenti (junte el lector cada pareja, o espere a que los nombres faltantes confirmen su presencia).

Dato relevante, la programación de este año es muy atractiva, tanto en la sección de competencia (17 títulos, quizá para jugar con eso de 17° edición), como en las varias secciones paralelas, ya detalladas el martes 26 estas páginas. Y hay autores de peso, cuya presencia está prácticamente confirmada, para que presenten sus películas, y conversen con el público en las diversas funciones. Por ejemplo, las actrices Claire Bloom y Angela Moli na, o los directores Bertrand Tavernier, Peter Bogdanovich, Ismael Merchant, Claude Lanzmann, Jorge Alí Triana, Jeanine Meerapfel, Juan Antonio de la Riva, y Konstantin Lopushansky, cuyo apocalíptico poema «Cartas de un hombre muerto», de 1986, todavía estremece y tiene actualidad. Lo que trae ahora, «Fin de siglo», va en competencia.

Vienen también, entre otros, los documentalistas suizos Fosco y Donatello Dubini (con «El viaje a Kafiristan» y «Thomas Pynchon, una jornada dentro de la mente de P.»), el húngaro Ibolya Fekete («Chico», sobre un tipo que, de Chile a Croacia, lo pasó a los tiros estos últimos treinta años), el colombiano Jorge Echeverry («La pena máxima»), y la búlgara Iglika Triffo-nova (donde alguien recupera viejos temas folklóricos, para enviarlos a su amigo en una emotiva «Carta a América»).

En cambio, y pese a lo anunciado inicialmente, no vienen Istvan Szabó, Jerzy Kawalerowicz, ni Jorge Sanjinés. Tampoco -aunque nadie se había hecho ilusiones-Francis Ford Coppola ni Santiago Segura, aunque sus películas (respectivamente, «Apocalypse Now Redux» y «Torrente 2, Misión en Marbella»), sin dudas serán de las más vistas de todo el festival. Tampoco vienen demasiados estudiantes becados, que siempre fueron la sal y pimienta de los festivales, pero ahora solo hubo cuatro becas por escuela de cine, y ni siquiera cubrían todos los gastos, ni las entradas.

Para sus organizadores, el mayor problema no fue tanto trabajar con un presupuesto de apenas 900.000 pesos (300.000 menos de lo esperado, que ya era poco), sino que ni siquiera esa plata llegó a ser liberada a tiempo. Películas retenidas en la aduana, pagos demorados a imprentas, subtituladoras, y otros servicios, una exposición entera del Museo del Cine sobre
Torre Nilsson, detenida a la espera del efectivo para embalajes y fletes (y ni hablar de seguros), problemas de pasajes y estadías, etc, etc, han elevado la presión de unos cuantos. «Pero acá estamos, todo a pulmón, esperando que este jueves alguien diga 'Abracadabra' y mágicamente las cosas se acomoden y empiecen a marchar sobre rieles», suspira uno de los colaboradores históricos, Guillermo Alamo. En suma, el festival sigue siendo el mismo lío de siempre, pero ahora encima sin plata. Y vaya uno a saber cómo será el próximo. De veras, nos ha tocado un tiempo interesante.

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