«L'elisir d'amore», ópera de G. Donizetti. Con E. Sancho, C. Duarte, O. Carrión, L. Gaeta, C. Höxter y elenco. Régie y esc.: C. Palacios. Vest.: A. Gumá. Ilum.: M. Rinaldi. Dir. de la orquesta Estable: C. Calleja. Dir. coro: M. Martínez (Teatro Colón).
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En tiempos de vacas flacas y con un Teatro Colón sumido en una de sus peores crisis, la primera sorpresa agradable para el público que no había visto esta versión es la refinada concepción escenográfica y puesta en escena de la encantadora ópera sobre el joven aldeano Nemorino que no duda en recurrir al «elixir» del mercachifle Dulcamara para evitar que su amada Adina se case con un militar foráneo (Belcore).
Apoyada esencialmente en la imagen simple y despojada de una famosa pintura de Vincent Van Gogh, «La llanura de Crau», que aunque está lejos del pueblo de la Toscana a comienzos del Siglo XIX, como quería el autor, es una concepción imaginativa y original de Carlos Palacios, que firma una régie no exenta de gracia y lógica, además de mostrar una gran eficacia en la marcación de los protagonistas.
Por eso, aunque se trata de una reposición, vale la pena detenerse en algunas perlas del nuevo elenco. Salida del riñón de Juventus Lyrica, la soprano Eleonora Sancho se consagra en el rol de Adina, un protagónico que le va muy bien, y al que ella le entrega sin retaceos su voz fresca y bien timbrada, así como simpatía personal. Nemorino tiene mucho que cantar y actuar, no solamente ese «pezzo di bravura» que es «Una furtiva lágrima», sino sus desventuras en el segundo acto, y Carlos Duarte, de voz cálida y agradable, también aprovecha esta oportunidad para consolidar su talento.
La profesionalidad de Omar Carrión le permite ofrecer un Belcore bien cantado y bien actuado. Carina Höxter con pasmosa naturalidad y bella voz hace una creíble Gianetta. Dejamos para este punto al incomparable Luis Gaeta, probablemente el mejor barítono del momento, haciendo un Dulcamara querible y vocalmente inobjetable.
Notablemente ajustada la labor del Coro y sobresaliente la dirección de Carlos Calleja en punto a estilo, fraseo y el delicado equilibrio entre la Orquesta, el Coro y los cantantes.
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