19 de diciembre 2000 - 00:00

Copani, entre la bailanta y la "protesta"

Ignacio Copani.
Ignacio Copani.
Presentación de «Desigual». Ignacio Copani (voz, guitarra). Con D. Vila (teclados, dirección), D. Leis (guitarras), D. Gago (bajo), O. Belmonte (batería, percusión) y M. Cofreses (percusión). Invitados: J.C. Urquiza (trompeta), A. Spandrio (violín), coro infantil Creceremos y Coral Demos. (Teatro Coliseo, 15 y 16/12.)


(19-12-00) Nunca fue un gran compositor ni un cantante virtuoso, pero Ignacio Copani -quien supo tener momentos de mayor éxito comercial que no necesariamente coincidieron con los de su mejor época creativa-ha tenido siempre la habilidad de transmitir con sus letras y su voz las cosas que pasan y que le molestan. Y como un juglar popular, ha sabido ocupar el lugar de buen cronista de su tiempo.

Muchacho de barrio y futbolero de alma -es tan inocultable su pasión riverplatense que hasta ha hecho varios discos exclusivos para «gallinas»-, en su música se mezclan las pasiones sencillas de la clase media, la herencia de los abuelos inmigrantes y las contradicciones de un sector social que cabalga entre Mozart y la bailanta, en un querer y no poder que cada vez se hace más evidente. Con estas herramientas, y con un buen oficio que le ha dado el tiempo, sus temáticas -casi siempre con melodías y arreglos sencillos-se han ido perfilando en tres direcciones.

Por un lado, las canciones más divertidas y fiesteras, en las que igualmente se filtran algunas críticas, tipo «Cuanta' mina que tengo», «Lo atamo' con alambre» o «Bruja». La segunda tiene que ver con el amor familiar, pero también a algunos seres admirados, que pueden ser Serrat, Discépolo o Enzo Francescoli. Y una tercera línea --seguramen-te la que lo ha convertido en un cantante antipático para los medios-se acerca a aquello que en los '70 se llamaba «música de protesta».

Su último doble CD que bautizó genéricamente «Desigual» reúne de algún modo estas tres vertientes. «Bailanta profunda», uno de ellos, apunta a la diversión bailantera, casi siempre con ritmo de cumbia argentina, pero con letras que están lejos de las convenciones de esa música. «Serenata» se acerca a su línea más seria, y allí reunió homenajes, protesta («Angel rubio», «Memoria activa», «Este país», «La vida no debía ser así») y los temas más románticos.

Sobre el escenario, en un show que superó largamente las dos horas, Copani fue todo eso. Cantó buena parte de su repertorio nuevo y mucho de lo anterior. Se escapó hacia otras músicas como un animador de fiesta. Fue alegre y emotivo. Y se mostró tal cual es: con sus virtudes y sus límites, sin traicionar a nadie.

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