4 de septiembre 2000 - 00:00

"COYOTE UGLY"

P or algún motivo, a ningún historiador del cine se le ocurrió analizar un subgénero del musical que podría definirse como una mezcla de «Nace una estrella» y una antología de spots publicitarios de desodorantes o gaseosas. Claro que en la mezcla siempre hay más de la parte de spots publicitarios que de cualquier cosa que se parezca a una película.
El día que algún crítico excéntrico se atreva a hacer un libro sobre este tipo de películas, quizá lo llame «Fui una bailarina adolescente». En esta dudosa antología, «Fama» de Alan Parker sería reverenciada como el «Citizen Kane» del género, «Showgirls» de Paul Verhoeven será recordado como el exponente depravado de estas películas, y títulos como «Flashdance» y «Dirty Dancing» serán observados con el mismo cuidado que merece la última obra de Abbas Kirostami.
El tiempo dirá qué lugar ocupará «Coyote Ugly» en los anales del musical publicitario. Si es mejor que «Footloose», o apenas una moda pasajera como «Lambada», no es algo que podamos dilucidar ahora. Por el momento, sólo se puede tratar de entender los motivos que lograron que una película tan boba haya logrado convertirse en un discreto éxito de taquilla en los Estados Unidos. Probablemente la única razón de este éxito sea un póster que combina dos de los grandes placeres de la vida: mu-jeres y tragos. También es cierto que las mujeres del afiche son súper sexy (un par incluso son supermodelos).
Lástima que lo que promete el afiche es una trampa:
«Coyote Ugly» cuenta cómo una niña buena de New Jersey que quiere triunfar como cantante pero padece un tremendo pánico escénico se convierte en barman del bar del título, un antro que parece sórdido pero que en realidad es como un kindergarten para adultos un poco ebrios.
La protagnista, Piper Perabo, es linda de un modo angelical, pero su rango interpretativo sólo permite tres expresiones (aunque por lo general sólo usa dos). Para colmo, casi siempre está vestida, igual que sus compañeras de bar (aunque a veces les mojan la ropa). Lo insufrible son sus desabridas canciones adolescentes entonadas en la terraza de su departamento neoyorquino. Y la chatura de un guión donde el máximo sacrificio que hace un hombre por la mujer que ama es desprenderse de un cómic raro del Hombre Araña.

Dejá tu comentario

Te puede interesar