La relación de los dibujos animados de Warner Bros. con el formato cinematográfico ha sido, históricamente, una montaña rusa de experimentos dispares. La época dorada de los cortometrajes animados encontró su primera gran traducción al cine moderno en 1996 con Space Jam. Aquella alianza entre Bugs Bunny y Michael Jordan no solo representó un éxito aplastante de taquilla mundial, sino que se convirtió en un hito de la cultura pop de los noventa.
Su mezcla de estrellas del deporte, banda sonora multiplatino e interacción entre actores reales y animación tradicional logró capturar el espíritu de una época, aunque el formato dependía en gran medida del carisma de sus figuras invitadas.
Siete años más tarde, el visionario director Joe Dante intentó devolverle a los personajes su verdadera esencia anárquica con Looney Tunes: De nuevo en acción (2003). A pesar de contar con un ritmo frenético, referencias magistrales al arte clásico y un homenaje sincero a la era dorada de Chuck Jones, la película sufrió de un fallido plan de distribución comercial y fue injustamente olvidada por el gran público en las salas de cine. La franquicia pareció quedar congelada en el tiempo, temerosa de volver a arriesgarse con el formato híbrido en la pantalla grande.
El punto más bajo de este recorrido llegó en 2021 con Space Jam: Un nuevo legado. La secuela protagonizada por LeBron James representó un estruendoso fracaso crítico y conceptual. La película se percibió menos como una historia con alma y más como una desalmada exhibición del catálogo de propiedades intelectuales del estudio.
Sobrecargada de CGI, sin el humor absurdo característico y aislando a los personajes animados en un ciberespacio frío, la cinta dejó la amarga sensación de que los Looney Tunes habían perdido su identidad original en la era del algoritmo.
El milagro cinematográfico: la película que estuvo a punto de desaparecer
Es precisamente sobre las cenizas de ese tropiezo que el proyecto de Coyote vs. Acme cobra una dimensión casi mítica. Con un presupuesto estimado en u$s70 millones, la cinta concluyó su rodaje a mediados de 2022 bajo la dirección de Dave Green y la producción estratégica de James Gunn. Sin embargo, lo que prometía ser el gran regreso de la franquicia se convirtió rápidamente en una pesadilla industrial.
A finales de 2023, la cúpula ejecutiva de Warner Bros. Discovery decidió congelar el largometraje de forma indefinida para utilizarlo como deducción fiscal (tax write-off), una maniobra financiera idéntica a la que previamente destruyó la película Batgirl.
Que una película completamente terminada, probada con audiencias de prueba con calificaciones sobresalientes y aclamada en pases privados, fuera enviada directamente a la trituradora corporativa causó un verdadero terremoto en Hollywood.
La indignación colectiva de la comunidad cinematográfica, las duras protestas en redes sociales de cineastas, críticos y el propio elenco encabezado por Will Forte, forzaron a la compañía a dar marcha atrás. Se inició así una intensa búsqueda de distribución que finalmente permitió rescatar la cinta para las salas de cine de todo el mundo gracias a Ketchup Entertainment.
Este tenso antecedente no es un detalle menor: que Coyote vs. Acme haya logrado llegar a la pantalla grande es una victoria épica en sí misma. Resulta poético que una película cuya trama gira en torno a la lucha de un pequeño personaje golpeado contra una corporación gigantesca haya tenido que librar y ganar exactamente esa misma batalla en la vida real antes de proyectarse en los cines.
Con el espíritu de Roger Rabbit: un universo unificado y la corporación ACME
Al adentrarse en la propuesta de la película, lo primero que destaca es su inteligente construcción de mundo. A diferencia de las dos entregas de Space Jam, donde los humanos debían viajar a dimensiones paralelas o portales digitales para interactuar con los personajes animados, en Coyote vs. Acme el mundo de la animación y el de los humanos es uno solo. Esta decisión narrativa recupera en línea directa la herencia de un clásico inmortal del cine híbrido: ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), la obra maestra de Robert Zemeckis que estableció las bases de cómo los dibujos animados y las personas reales pueden compartir el mismo espacio físico con total naturalidad.
Al igual que en Roger Rabbit, en Coyote vs. Acme las caricaturas caminan por las calles, asisten a los tribunales, contratan abogados y conviven cotidianamente con la sociedad humana sin que nadie se despeine ni pida explicaciones. Esa convivencia natural le otorga una fluidez orgánica a todas las interacciones cómicas: no hay nada que explicar, ese universo funciona así por definición y esa simplicidad es el mayor acierto de su narrativa.
La comedia del absurdo funciona porque las reglas insólitas de la física animada —los agujeros portátiles, los yunques voladores y la invulnerabilidad cómica— coexisten directamente con las leyes, formalidades y burocracias del mundo real.
Por otro lado, en épocas donde las grandes corporaciones tecnológicas tienen cada vez más poder e influencia sobre la sociedad y los consumidores, ACME es un reflejo de eso y ubicarla como la antagonista es una decisión totalmente acertada. La empresa que durante décadas vendió cohetes defectuosos, yunques fallidos y trampas peligrosas en el desierto es presentada aquí como el titán corporativo definitivo, dispuesto a aplastar al consumidor individual para proteger su monopolio implacable.
John Cena lidera el elenco humano acompañado por Will Forte (conocido por SNL y "The Last Man on Earth"), Lana Condor (protagonista de "To All the Boys I've Loved Before") y Tone Bell, en una historia donde la comedia física clásica se encuentra con la sátira corporativa moderna. El resultado es un evento cinematográfico familiar que funciona en múltiples niveles: los más pequeños disfrutarán la animación y el caos visual, mientras que los adultos reconocerán el humor y las referencias.
Dirigida por Dave Green ("Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of the Shadows") y con guion de James Gunn ("Guardianes de la Galaxia", "The Suicide Squad"), Samy Burch y Jeremy Slater, esta película híbrida de live-action y animación plantea la premisa más absurda y genial del universo Looney Tunes: ¿Qué pasaría si el Coyote decidiera demandar a ACME, la compañía responsable de todos sus productos defectuosos?