28 de febrero 2002 - 00:00

"CUANDO EL CIELO CAE"

«Cuando el cielo cae» («Il cielo cade», Italia, 2001, habl. en italiano.) Dir.: A. y A. Frazzi. Guión: S. Cecchi d'Amico. Int.: V. Niccolai, L. Campoli, I. Rossellini, J. Krabbé, B. Enrichi, L. Virgilio.

Aunque se ganó sus buenos premios en festivales internacionales de cine para niños y adolescentes, «Cuando el cielo cae» dista de ser una película «infantil». Habla de travesuras de chicos, es cierto, pero también de crueldades de adultos, maldades reales, innegables. Surge el pensamiento de Marcel Pagnol en sus memorias: «Tal es la vida de los hombres. Unas pocas alegrías, rodeadas de penas imborrables. No es necesario contarle esto a los niños». O tal vez sí. Eso queda a criterio de los padres.

La acción transcurre a fines de la Segunda Guerra Mundial, en un apacible rincón italiano, donde pasa sus días una rica familia judía, muy querida por los pobladores. En su seno se refugian unos amigos perseguidos por las circunstancias, y dos sobrinitas que han quedado huérfanas. La contienda entra en su fase final, y un agradable clima de amistad reina entre el cura del pueblo y el dueño de casa, que es también el patrón de los lugareños. Muy ilustrativa, en ese sentido, resulta la visita del obispo. Incluso cuando fuerzas alemanas ocupan la gran casona rural, el general que las conduce demuestra ser todo un caballero, huésped respetuoso con el dueño, y gentil con las niñas. Aparentemente, el sentimiento que sobrevuela esos campos es la convivencia. Pero sólo aparentemente.

Para las niñas, durante buena parte de la historia el único problema es con el tío, que no sabe cómo tratarlas, y con un tío postizo, tuerto y cargoso, que les quiere imponer el aprendizaje del piano. El resto (una doméstica ignorante, los chicos del lugar, etc.) propician momentos risueños, y descubrimientos ingenuos y alegres del sexo.

Historias

Los italianos saben contar este tipo de historias, llenas de sonrisas. Y saben también dónde congelar de pronto la sonrisa del espectador, y convertirla, enseguida, en una mueca de angustia, de ironía, o de tristeza, para luego brindarnos, gracias a ese mismo cielo del título, en un final al aire libre, una última alegría. La vida sigue. Siempre sigue, y de eso da testimonio la protagonista de esta historia, que es real.

La vivió, y escribió,
Lorenza Mazzetti. La adaptó, Suso Cecchi d'Amico, gloria del cine italiano de los '40 hasta el presente.Y la dirigieron los hermanos Andrea y Antonio Frazzi. Con los recaudos del caso, es bueno que los niños la vean. Detalle al margen, algunas criaturas sobreactúan un poco, pero sus personajes son tan intensos y memorables como los que, muy bien, encarnan Jeroen Krabbé, Isabella Rossellini, y demás adultos.

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