6 de febrero 2004 - 00:00

Cultores argentinos de un arte milenario

R ecientemente se inauguró MURVI, primer Espacio de Exposiciones y Centro Cultural dedicado al milenario Arte Musivo (empleo del mosaico veneciano) de la Argentina. El concepto de Arte Musivo hace referencia a la antigua tradición de crear diseños formados por piezas irregulares de piedra, vidrio o cerámica llamadas teselas, fijadas con argamasa a un soporte. En la Argentina la existencia de este material, originalmente importado, es centenaria y se ha identificado su instalación en el Teatro Colón, el Palacio de Tribunales y el piso original de la Estación Retiro. La producción local se inicia en los '40 y se instala en obras públicas como el Banco Hipotecario Nacional, la Facultad de Medicina así como en muchas empresas privadas.

MURVIS convocó para la muestra inaugural a doce artistas argentinos que desarrollaron sus obras con esta técnica bajo la asistencia de mosaicistas especializados. «Summa Stellarum» de Jacques Bedel es un estallido de estrellas en el firmamento. La «Silla Mary» de Luis Benedit, fondo marfil, verde y azul celeste, podría patentarse como un elemento decorativo de carácter minimalista. Ricardo Blanco juega con el nombre «Muuurvi» y emplea las manchas de la holando argentina para sus sólidas sillas de exterior. Nora Correas, fiel a su postura contestataria, utiliza los deshechos del vidrio para su instalación en la que planta las flores de «El único paraíso que existe es el paraíso perdido».

Alicia Díaz Rinaldi
llevó el mosaico al libro de artista y su imagen del grabado, en este caso, de carácter barroco. En una reciente muestra individual, Karina El Hazem, presentó una serie de figuras titulada «Agobiados» ( municiones, madera, acrílico), con la que expresa a través del ornamento parte de la enajenación que vivimos. En este caso traslada este esquema a un elemento ornamental por excelencia. Margarita Paksa lleva al mosaico su obra «El Partido de Tenis» ya conocida en video y en instalaciones. Muy logrado el mural de 6 x 2 metros de Rogelio Polesello en el que compendia casi toda su obra plástica.

El «Napoleón» de la serie «La Conquista de un Imperio» de Alfredo Prior es un ejemplo del más tradicional puntillismo. Taty Rybak concentró en una instalación de carácter conceptual el relevamiento fotográfico digital del espacio durante su reciclado y un chasis allí encontrado. También muestra la materia prima que da origen a la venecita: carbonatos, pigmentos, arena y el descarte, una puesta en valor de la cualidad vítrea del mosaico veneciano. Marta Minujin reviste un Citröen con venecita y le adjunta las características cabezas fragmentadas de su autoría. Clorindo Testa presenta una estructura de madera ensamblada sobre la que dispuso el mosaico veneciano con cortes irregulares enfatizando los colores primarios.

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