10 de enero 2002 - 00:00

Cultura perdió rango e inquieta al sector

En dos escenarios paralelos y simultáneos se dirimió hace pocos días el status jerárquico de las áreas de Educación y Cultura. El resultado es que Cultura perdió su rango.

En el primer escenario, la Casa Rosada, Educación iba a ser una secretaría, no un ministerio, en respuesta al imperativo de achicar el Estado, al punto que el decreto para transformar el Ministerio de Educación en Secretaría ya estaba redactado cuando el presidente Duhalde le ofreció el cargo a Graciela Giannettasio. Sin embargo, la actual ministra, en coincidencia con la comunidad educativa, esgrimió argumentos contra la desjerarquización del área, y logró que continuara con rango de Ministerio. «En ese momento Gianettassio decide ir por más -asegura un allegado- y reclama que se le integre Cultura».

Entretanto, en el escenario bonaerense, el ex subsecretario de Cultura de la provincia, Luis Verdi, recibía la propuesta de ocupar el cargo de secretario que no aceptó. Es entonces cuando Teresa Solá y varios operadores culturales le acercaron nombres al presidente, entre los que estaban Mario O'Donnell, quien en Punta del Este habría medido las consecuencias de aceptar el puesto que ocupó durante la presidencia de Carlos Menem.

Otros fueron, Guillermo Jaim Etcheverry, catedrático experto en políticas educativas. Y Archibaldo Lanús, diplomático de carrera ligado a la cultura a nivel internacional. Nadie duda que en la elección no es fácil porque el candidato, dada la actual tensión social, deberá contar con el consenso del sector y conocer la gestión cultural para no provocar irritación.

Los nombres de Diana Saigh, que fue directora del Centro Cultural Recoleta y estuvo a cargo de la Casa Argentina en París, como el de Héctor Tizón, juez y escritor jujeño, hoy resuenan en pasillos de la Rosada.
 
Una vez más se pierde la posibilidad de jerarquizar el área y crear un Ministerio de Cultura -que no necesariamente significaría mayor gasto si se controla su dimensión-enclave que permitiría interactuar al sector con las políticas del Gobierno.

La falta de designaciones en Cultura y sus diversas áreas, por otra parte, se puso ayer de manifiesto al darse a conocer los jurados del Festival de Cine de Mar del Plata, por exigencias de la Federación Internacional de Festivales de Cine (FIAPF), con sede en París, que exige que se den sus nombres 60 días antes de la competencia. Claudio España, director del Festival, dijo ayer a este diario que, desde fines de diciembre, con acuerdo de José Miguel Onaindia, se conocen los seis jurados extranjeros (el compositor norteamericano Angelo Badalamenti, el cineasta chileno Silvio Caiozzi y la actriz mexicana Angela Spíndola, la productora estadounidense Julie Corman, el historiador de cine español Diego Galán y el cineasta iraní Dariush Mehrjui ) pero aún no el del jurado argentino. Tras la renuncia de Onaindia, se espera a las nuevas autoridades del Instituto de Cine para que lo elijan (entre los candidatos a la dirección del INCAA se menciona al cineasta Nemesio Juárez y el productor Pablo Rovito).

Por otra parte, en el escenario del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería, cargo técnico al que acaba de renunciar
Teresa Anchorena, habría sido ofrecido a Cristina Alvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva Perón que adoptó el peinado y el look de su tía abuela. Una función que puede ser aprovechada si se tienen los contactos indicados y se sabe de antemano qué timbres tocar. Por supuesto, con el objetivo de posicionar a nuestros artistas e intelectuales en el mundo. Pretender que en este momento político se resuelvan un tema de fondo como el de la cultura, es pretender demasiado. Pero, el consenso general en el sector es que se deberá hacer lobby propio, al menos, para que el área no quede en la intemperie y sea usada para compensaciones políticas que desvirtúan su especificidad.

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