7 de marzo 2002 - 00:00

"D-TOX"

«D-tox» (EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: J. Gillespie. Int.: S. Stallone, D. Meyer, T. Berenger, K. Kristofferson, Ch. Dutton, P. Walker, R. Patrick. PM/16.

A lo largo de su carrera, Stallone ha hecho todo tipo de cosas. Se vistió de gamberro para asustar a Woody Allen en «Bananas», escribió el guión de «FIST» de Norman Jewison, tuvo un auto viejo en «Cobra», viajó al futuro en «El juez» y «El demoledor», luchó por Occidente en «Rocky IV» y a favor del talibán en «Rambo III». Pero nunca se metió en un asunto tan raro, al mismo tiempo oscuro y ridículo como el de este flamante psycho-thriller.

Para sintetizar «D-Tox» habría que pensar en una suma de «El resplandor» y «El enigma de otro mundo», sólo que sin fantasmas ni extraterrestres, sustituidos por un psicópata escondido bajo la identidad de uno de los agentes de seguridad con problemas mentales y adictivos internados en el extrañísimo centro de rehabilitación al que se refiere el título.

Tan pero tan extraño, que ante la visión del monolito gris enterrado en una tempestad de nieve se podría jurar que los mismísimos Locos Addams dudarían en dejar ahí al Tío Lucas para que se cure de sus problemas psicológicos.

De un modo más cursi que Schwarzenegger en «Daño Colateral», Stallone pierde a su amada cuando un psicópata la asesina utilizando la receta de «Scream» y «Cuando llama un extraño». El largo prólogo termina con un Sly alcohólico al borde del suicidio, por lo que la noticia de Kris Kristofferson y su flamante clínica de desintoxicación para policías, hombres del FBI y hasta de la Policía Montada de Canadá aparece como su gran solución.

Lenguaje

El lenguaje recio que utiliza el director del sanatorio -tipo «aquí tomaremos tus demonios por tal lado para patearlos en tal otro»- y la falta de seriedad general deberían alertar al amigo del protagonista, que al menos tiene el buen tino de quedarse en una cabaña cercana, es decir a cientos de kilómetros en medio de la tormenta de nieve. El bunker, viejo manicomio de las fuerzas armadas, es un lugar tan inhóspito que los primeros suicidios entre los internos no le deberían llamar la atención a nadie. Pero pronto -es decir cuando ya hay varios cuerpos congelados al lado de los bifes de la heladera- Stallone comienza a sospechar que algo no huele bien.

Para colmo, la presencia de un reparto con varios villanos secundarios de films muy conocidos -incluyendo a
Tom Berenger, Robert Patrick y Stephen Lang- no ayudan a generar un clima amistoso.

Entendiendo que es imposible tomarse en serio una película como
«D-Tox», hay que reconocer dos cosas a favor del director Jim Gillespie (el de «Sé lo que hicieron el verano pasado»): cuando el espectador ya da todo por perdido, el clima se vuelve lo bastante siniestro como borrar de su rostro la sonrisa burlona sostenida desde la primera media hora de proyección. Aún cuando se deba a lo absurdo del argumento o a la abundancia de malvados en el reparto, la verdad es que hasta que el guión no revela la identidad del villano, no hay modo de adivinar quién es el psicópata. Igual, más vale seguir con la intriga hasta que la editen en video.

Dejá tu comentario

Te puede interesar