«Daño colateral» («Collateral Damage», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: Andrew Davis. Int.: A. Schwarzenegger, E. Koteas, F. Neri y otros
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Seis meses atrás, «Daño colateral» no habría llamado mucho la atención. En cambio ahora lideró la taquilla norteamericana, provocó polémicas, y llama al cine debate más que cualquier film de mayores pretensiones y calidad. Igual que ese puñado de películas que, más allá de sus valores artísticos, son recordadas por alguna conexión especial con el momento en el que se estrenó, esto quizá sea el eslabón perdido entre el Hollywood del siglo XX y el del siglo XXI.
Sin los atentados del 11 de septiembre del 2001, no se habrían debatido los pros y los contras de otra aventura tonta con Schwarzenegger. Ni siquiera si fueran tonterías muy bien filmadas, condimentadas con varios de detalles originales nada tontos, gentileza del argumento original de Ronald Roose, asistente de Sidney Lumet en «Serpico».
Actual
Hoy es un film simultáneamente anticuado y actual, que en una escena atrasa y en otra adelanta: tanto los clichés de siempre como algunas audacias originales que se suceden en este tenso, digno thriller de Andrew Davis, coinciden con insinuaciones en los editoriales de The Washington Post y The New York Times: servicios estadounidenses pueden aprovechar atentados para obtener más poder; los terroristas son crueles y matan inocentes igual que los soldados que los combaten, sólo que estos últimos cuentan con el apoyo de asesores norteamericanos; toda persona importante que se atreva a adentrarse en la zona terrorista será víctima de los rebeldes, con la asistencia de los asesores norteamericanos, ansiosos por tener una excusa para obtener poder ilimitado; si los agentes de inteligencia son inútiles y no saben cómo detener a los terroristas, no importa, para eso existen superhéroes como Arnold.
Continuar esta lista obligaría a develar datos argumentales que, por más elementales que sean, deben ser respetados. Sobre todo porque estamos ante una de esas casualidades que sirven para que desde el show business se refleje la realidad, aunque sea al estilo Hollywood: el aplazo del estreno original de «Daño colateral» para alejarla del 11 de septiembre coincidió con el comienzo de una guerra entre el gobierno colombiano y la guerrilla local.
Divertida
Como no es real, y el público sabe que salvo algún doble de riesgo con mala suerte nadie salió herido, esta película es más divertida que mirar un noticiero a pesar de su irrealidad y de sus convencionalismos. La venganza de Arnold, que pierde a su familia debido a un atentado de la guerrilla colombiana en los Estados Unidos, respeta mujeres y niños, aún si perdonarles la vida implica no dar en el blanco.
En cambio, el agente canalla Elias Koteas está orgulloso de combatir «terror con más terror».
Aunque abundan, los anacronismos no son graves, ya que informan poco sutilmente sobre la fecha de realización del film.
Y el factor Arnold y la falta de verosimilitud que supone, está parcialmente arreglado por un director experto en escenas de acción, pero también por montaje, clima, diálogos y elenco (como los impagables John Turturro y John Leguizamo en papeles secundarios que animan por completo el conjunto). Por algo Andrew Davis logró una actuación decente de Steven Seagal en su exitosa «Alerta Máxima» es una buena película de súper acción, más tensa, dramática y políticamente correcta que la mayoría de aquellas viejas, delirantes y divertidas guerras antiterroristas de Schwarzenegger.
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