7 de septiembre 2006 - 00:00

Danza bella pero envejecida

Aunque plásticamente irreprochable, el espectáculo que estrenóla compañía de danza francesa sólo repite fórmulas yaprobadas en los 70 por el estadounidense Alwyn Nikolais.
Aunque plásticamente irreprochable, el espectáculo que estrenó la compañía de danza francesa sólo repite fórmulas ya probadas en los 70 por el estadounidense Alwyn Nikolais.
«Lifeforms». Compañía Systéme Castafiore. Mús. y dir. esc.: K. Biscuit. Coreog.: M. Barcellos (Teatro Presidente Alvear.)

La Compañía Systéme Castafiore de Francia estrenó en Buenos Aires su espectáculo «Lifeforms». Fundada en 1990, la compañía está codirigida por los creadores de «Lifeforms»: la bailarina de origen brasileño Marcia Barcellos y el compositor normando Kart Biscuit, ambos ex alumnos de Alwyn Nikolais, uno de los principales artífices de la danza contemporánea estadounidense. El Teatro Colón recibió en varias oportunidades a la compañía de Nikolais en la década del '70, y el público argentino se familiarizó profundamente con su estética que sintetizaba el movimiento, la luz y el sonido en un todo coherente. Vale el recuerdo ahora ya que el trabajo mostrado por el dúo Barcellos-Biscuit con sus seis bailarines posee reminiscencias de los trabajos de Nikolais. Claro que lo que asombraba por entonces -especialmente su impactante plasticidad-, ahora, transcurridas más de tres décadas, aparecen como fórmulas envejecidas, visiblemente superadas por la tecnología de nuestro tiempo y en algunos casos puntuales, en función de una mayor trascendencia poética y dramática. Justamente lo que le falta a «Lifeforms» es dramatismo.

El espectáculo no es más que un show visual donde se juega con lo cinético, la iluminación, algunos elementos escénicos (como paneles móviles), el vestuario y el sonido, que mezcla ecos de la música barroca o del folklore africano con la electrónica, en forma agradable pero nada más. Sobre esa base los cuerpos se mueven generalmenteen penumbras con el auxilio de las proyecciones y de pequeñas lámparas adosadas a los bailarines generando un cuadro multimedia que, invariablemente, aparece en un estado de experimentación. La prueba de formas, de desplazamientos y sobre todo de contrastes es lo que se rescata de un ballet de 70 minutos de duración donde no se perciben otras preocupaciones que el simple divertimento o la interacción lúdica entre seres humanos y recursos técnicos. Hubiera sido más interesante si todo este planteo plástico, que lo hay y de alta calidad de realización, sostuviera una propuesta de ideas de trascendencia mayor. Así como está no es más que un simple regodeo en las posibilidades técnicas y de movimiento de los integrantes de la compañía, que ofrece una refinada visualidad pero prácticamente carece de contenidos.

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