16 de septiembre 2002 - 00:00

"De grande entendí su genialidad"

Catitas
"Catitas"
Angelita, hija de la siempre recordada Niní Marshall, habla sobre la pequeña empresa familiar que acaba de lanzar en kioskos una serie de compacts con lo mejor de los viejos programas radiales de la dupla Niní-Juan Carlos Thorry.

Angela Edelmann de Abregó:
Muchos la conocen a través de las películas, pero el fuerte de mamá era la radio. En 1938, cuando empezó, se paraba el país para escucharla. Debía ir hasta la emisora con la policía, porque como era chiquitita tenía miedo que la estrujaran toda. Lo que ahora presentamos, es una selección de 22 horas conservadas en cinta abierta, con unos 160 skechts de comienzos de los años '60, que ella hacía por Radio El Mundo.

Periodista: ¿No habían salido anteriormente en discos?


A.T.:
Habíamos sacado algo con otra empresa, pero ahora decidimos editar para venta en kioskos, acompañando cada CD con una revistita, todo hecho acá, industria argentina. Y las caricaturas de tapa son una belleza. Salen tres Cándidas y tres Catitas, después veremos.

P.: ¿Sólo esos personajes?

A.T.: No, están casi todos. Por ejemplo, Doña Jovita, Mónica Güeyo de Picos Pardos de Alzaga Unzué, que es la bienuda, Mingo, el hermano de Catita, la Bellarmina, Frida, porque ella también hablaba alemán, Trini la Desgreñá, la Lupe, Catalina Pizzafrola Langanuzzo, cantante de opera... Para este personaje, mamá estudió italiano casi un año. Cantar, ya sabía. Las partes cantadas de «Carmen», las hizo ella. Falta Don Cosme, porque un foniatra le dijo que al hacerlo se arruinaba las cuerdas vocales, y tuvo que eliminarlo. A cada personaje ella lo escribía, lo diseñaba, lo vestía, lo actuaba, lo dirigía. Hay grandes actrices cómicas, y buenas humoristas, pero ella era ambas cosas. Ah, siempre digo que yo soy una hija pedante.

P.: ¿De chiquita estaba orgullosa de tener una madre cómica?


A.T.:
De chiquita me gustaba mucho que fuera al colegio a buscarme, pero porque era la mamá más linda de todas. Era linda, lo que pasa es que se mamarracheaba para trabajar. Ella venía de la radio, y antes de ponerse a escribir me hacía todas las láminas, porque yo era una bestia, y me tomaba las lecciones. Yo tomaba su trabajo como algo natural. Recién más tarde comprendí su genialidad, y también lo inteligente que fue, al separar su vida familiar de la vida artística. Aunque seguro que en la puerta de la escuela estudiaba a todas las otras madres, para hacer sus personajes.

•Selección

P.: ¿Cómo se hizo la selección?

A.T.:
Por votación, tras muchas horas de escuchar en familia.

P.: Habrán tardado mucho.

A.T.: Bueno, no somos tantos. Pero mi hijo ponía unos puntajes bajísimos. «Si te viera la abuela», le dije. «Mi abuela era muy severa», me respondió.Y es cierto, ella nunca estaba conforme. Corregía los libretos hasta dos segundos antes de salir al aire.Y de las películas, no me dejó ver «Cándida, la mujer del año», porque le pareció que había estado floja.

P.: Floja estaba la película, no ella.


A.T.:
Lo que sí, era muy tentada. En el rodaje de una escena con Augusto Codecá (el mejor marido que tuvo Cándida), se tentaron tanto, que Bayón Herrera, el director, un hombre muy serio, les dijo «me voy a tomar un café a la esquina, y cuando paren me avisan». Siguieron recién al otro día, tuvieron que pedirle disculpas. ¡Pero ella se tentaba! Por eso en los discos dejamos todos los furcios, y las risas, para que tenga todo el sabor de la emisión original.

P.: ¿Juan Carlos Thorry fue su mejor partenaire?


A.T.:
Ella tuvo muy buenos partenaires, como Carlos Ginés, que también hacía de perro (en mi vida he escuchado más variedad de ladridos que los que hacía este hombre), pero el mejor fue Juan Carlos Thorry, el que corregía las burradas de Cándida o Catita. Decían que mamá deformaba el idioma, pero cada cosa que su personaje decía mal, Thorry la corregía y enseñaba. Aparte, ella sabía muy bien el castellano, y bastante de etimología, porque para saber deformar, primero hay que estar formada.

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