6 de abril 2001 - 00:00
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"Fiebre de sábado por la noche".
Las coreografías son de una gran riqueza y exigen de los intérpretes un dominio extremo de la técnica. Requisito que cumple Darío Petruzio, que encarna con solvencia al protagonista: un excelente bailarín y buen cantante (aunque muchos suspiren por John Travolta), que se luce tanto en el baile como cantando «Inmortalidad». Lo mismo puede decirse de Silvia Luchetti, que encarna a Stephanie, cuya formación clásica le permite sortear impecablemente las exigencias de la coreógrafa y conmover en «Qué tonta soy», una de las más bellas canciones.
Elena Roger (Annette) y Charlie G. (Bobby) componen con ricos recursos los personajes más desdichados de la pieza y se destacan como cantantes. Roger logra una creación en la interpretación de «Si no es con vos» y Charlie G. otorga ternura y patetismo a una de las más inspiradas canciones, «Trágico». Héctor Pilatti, Diego Bross, Diego Jaraz y Hugo Avila desempeñan a la perfección los papeles de los amigos de Tony; cualquiera de ellos podría asumir un protagónico. Miguel Brandan, Alejandra Sztycberg, Martín Marín y Ana Ezcurra se lucen en el concurso de baile.
Las escenas puramente dramáticas son las más débiles y aportan poco al desarrollo del espectáculo. Pero, más allá de esa endeblez, todo el elenco demuestra una solvencia que permite sostener que nuestras producciones musicales pueden competir con las de otros países. El rigor y el profesionalismo de los integrantes plasma en un resultado impecable, con el agregado de una cuota de energía y espontaneidad que logran que el interés no decaiga durante las dos horas que dura el espectáculo.
Mérito también compartido por la orquesta dirigida por Angel Mahler bajo la supervisión musical de Phil Edwards. El estupendo vestuario diseñado por Fabián Luca va más allá de lo convencional. Es refinado e imaginativo, y tiene el mérito de haberse detenido en la observación de las características de los personajes.




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