Despilfarro de efectos y humor nulo

Espectáculos

«El hijo de la Máscara» (Son of the Mask, EE.UU., 2005, dobl. al español). Dir.: Lawrence Guterman. Int.: Jamie Kennedy, Alan Cumming, Traylor Howard, Steven Wright, Bob Hoskins, Ben Stein, Kal Penn.

Sin Jim Carrey, sin el director Chuck SRussell, sin la novedad de los efectos especiales tan impactantes en 1994, una secuela de «La Máscara» no tenía mucha lógica. Pero, evidentemente, el sentido común no pudo detener a un conjunto de ejecutivos hollywoodenses decididos a invertir 75 millones de dólares en «El Hijo de la Máscara».

La buena noticia podrían ser los modestos 86 minutos de duración; lástima que un cartoon de la época de Tex Avery (genio de la animación cuyo nombre se pronuncia aquí en vano) duraba mucho menos y tenía mucho más sentido, gracia y estilo. Esto es algo así como un catálogo de efectos digitales que terminan haciendo desear que nunca más se utilice ninguno, todo un crescendo anfetamínico que no lleva hacia ninguna parte salvo a anular al elenco ( incluyendo un par de talentos que no querrán recordar este trabajo).

Extraña pesadilla para grandes y chicos como pocas, la película tiene a su favor el presupuesto grandioso con el énfasis en los interminables trucos digitales, todo puesto al servicio de una historia que ni se intenta sostener desde el vamos: un amante tímido aparece motivado por la máscara del film anterior, tiene un hijo, la máscara pasa de cara en cara y es perseguida por unos archivillanos, y obviamente ni buenos ni villanos se van a portar bien detrás de la infame careta.

Los diseñadores de FX digitales contaron con todo el arsenal tecnológico de última generación, pero se quedaron cortos en creatividad, con apenas un par de ideas atendibles en lo estético. La película es bastante salvaje en sus mejores escenas, para nada sutil, y en general no demasiado graciosa para ningún tipo de público.

Dejá tu comentario