Diane Keaton o cómo naufragar con estrépito

Espectáculos

«¡Porque yo lo digo!» (Because I Said So, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: M. Lehmann. Guión: K. Leigh Hopkins y Jessie Nelson. Int.: D. Keaton, M. Moore, G. Macht, T. Everett Scott, L. Graham, P. Perabo.

Según dice la guionista Karen Leigh Hopkins, esperando su turno con el dentista escuchó contar a otra paciente cómo le había conseguido novio a su hija por Internet. Eso le dio la idea central de esta película: una mujer incapaz de tolerar que la menor de las tres hijas que crió sola se convierta en una solterona (las otras dos ya están casadas), pone un aviso en la Web y entrevista personalmente a los candidatos a yerno ideal, sin avisarle a la interesada, A la vista de los resultados, ni con el auxilio de una segunda guionista, Hopkins pudo encontrar otra idea que justifique 100 minutos de película.

Lo que sí encontró fue a una Diane Keaton más que dispuesta a encarnar a la madre en cuestión, una loca obscenamente invasiva con los gestos de Diane Keaton, la ropa de Diane Keaton, el peinado de Diane Keaton y los consuetudinarios anteojos con cristales coloreados de Diane Keaton.

Además de un elenco ad-hoc (vale decir, un coro, que incluye a Mandy Moore, sus mohínes y clichés, como la hija avasallada, y a Stephen Collins, como el hombre que encuentra sexy a Keaton y comparte con ella improbables escenas eróticas), halló también un director (Michael Lehmann) lo suficientemente torpe como para terminar de hundir la única idea y a todos los actores, especialmente a su actriz principal. Mucho no podía hacer Keaton con un guión que la obliga a bochornos sólo comparables con los de Jane Fonda en la igualmente exasperante «Una suegra de cuidado», como por ejemplo, recibir tortas de crema en la cara, despatarrarse en plena calle o, ay, jugar al oficio mudo «afectada de laringitis»; y menos aún con un director sin autoridad como para salvarla mínimamente del ridículo. Pero también es cierto que ella se entrega a todo esto con insensata delectación y nada de autocrítica. Si hiciera reír -o llorar, que también se busca eso a su debido tiempo, desde luego- vaya y pase, pero no. Ya que no originalidad, o cuanto menos sentido común, las guionistas evidentemente tampoco dieron con un chiste eficaz que justifique llamar comedia a esta película sin gracia ninguna.

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