15 de marzo 2002 - 00:00

Diego Kogan: "Por el Payró pasó la historia del país"

Diego Kogan
Diego Kogan
M añana, a las 21, se estrena en el Teatro Payró «Las razones del bosque», una obra escrita por Patricia Zangaro y dirigida por Diego Kogan, con un elenco integrado por Pablo Tur, Lucrecia Gelardi, Ruth Scheinsohn, Fernanda Cobas Aguirre, Luciano Cáceres y Felisa Yeni. Esta obra es el resultado de un trabajo de investigación en torno al universo creativo de Anton Chejov y forma parte de la programación prevista por el Payró para celebrar sus 50 años (ver recuadro). Enrique Pinti, Jorge Guinzburg y el Grupo Catalinas Sur, entre otros, participarán de la fiesta de apertura que se realizará el 9 de abril en un escenario montado en plena calle, frente al Teatro Payró (San Martín 766). En diálogo con este diario, Diego Kogan anticipó algunos de los emprendimientos de esta prestigiosa sala en la que sus padres -el recordado director Jaime Kogan y la actriz Felisa Yeni-desarrollaron buena parte de su labor profesional. Hoy, el joven director -responsable de la puesta en escena de «Criminal», «Martha Stutz» y «Casino» de Javier Daulte y de «La lista completa» de Jorge Goldenberg- comparte con su madre la dirección de ese teatro. La escenografía y vestuario de «Las razones del bosque» vpertenecen a Valentina Bari, la iluminación a Diego Kogan y la música original es de Sergio Vainikoff.

Periodista: ¿Qué significa para usted estar al frente de un teatro con cincuenta años de trayectoria?


Diego Kogan:
Es un lugar por el que pasó la historia del país y no me refiero únicamente a la actividad teatral. Por eso nos pareció muy importante rescatar de nuestros archivos todo material que pudiera dar testimonio de esas cinco décadas y que ahora va a formar parte del libro «Teatro Payró: 50 años de historia».

P.: Usted prácticamente se crió en el teatro ¿Alguna vez se planteó si ésa era su vocación?


D.K.:
Tuve mi momento de odio hacia el teatro. Supongo que tenía que ver con la intensa relación que mis padres tenían con él. Ahora me doy cuenta que de eso me producía unos celos terribles. Con mi hermana Luchi siempre decíamos que en realidad eramos tres: ella, yo y «Roberto Jota». Lo digo por Payró que era como un hijo más. Pero a los 15 o 16 años yo también me enamoré del teatro y ahí nomás empecé a estudiar actuación con Miguel Guerberof.

P.: En lugar de dirigir alguna de sus obras, usted prefirió internarse en el universo chejoviano a través de su vida y de sus cuentos. ¿A qué obedece esta elección?


D.K.:
A que en realidad nuestro trabajo con este grupo de actores empezó mucho antes de que llegáramos a Chejov. Recién después de haber pasado por varios temas apareció este autor y más que nada a través de sus cuentos. No nos abocamos a su obra dramática porque la teníamos muy presente y muy fresca. Empezamos improvisando temas que aparecen en su obra y descubrimos que además de la emoción y la tristeza, aparecía todo el tiempo el humor. Ahí nomás la convocamos a Patricia Zangaro que logró volcar y condensar en su texto el clima de lo que iba sucediendo en cada ensayo. Fue fantástico, ella logró destilar lo esencial de este proceso de trabajo. Luego se despegó un poco de nosotros para poder darle forma final al texto, pero siempre coincidió con nosotros en que lo importante era ver cómo este mundo de Chejov nos atravesaba a nosotros hoy y como las preguntas que él se hace con respecto a la vida y al arte nos las podemos hacer nosotros hoy desde nuestra realidad. No porque haya un aggiornamento del mundo de Chejov a la Argentina de hoy sino porque seguimos estando atravesados por las misma cuestiones que él se planteaba.

P.: Leyendo la obra se ve que recurre a la conocida técnica Pirandelliana de enfrentar al autor a sus personajes.


D.K.:
Si fue algo que surgió inesperadamente. Uno de los personajes, el hombre de blanco, se fue transformando en el autor y ahí nos dimos cuenta de que la situación era muy pirandelliana. Pero no sentimos que ese mecanismo nos limitara.

P.: Pero, a diferencia del pensamiento de Pirandello, que en «Seis personajes en busca de un autor» habla justamente de la imposibilidad de representar la vida en el teatro, este «hombre de blanco» está convencido de poder rescatar las nimiedades de la vida a través del arte.


D.K.:
Así es, por eso resultó tan apasionante incluir al propio autor como personaje. Además, el juego entre realidad y ficción es permanente y permite que circulen muchos de sus temas, entre ellos la relación entre vida y arte, sin necesidad de contar anécdotas o desarrollar historias de vida. Leímos mucho sobre su biografía y, realmente, su vida fue una auténtica pieza chejoviana. Lo maravilloso de su obra es que abarca todos los registros, desde las historias más tristes y melancólicas hasta los episodios más disparatados y creo que ese espíritu quedó bien marcado en la pieza de Zangaro. Ya hicimos dos ensayos con público y vimos que las risas estaban muy a flor de piel, lo mismo que la emoción.

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