14 de noviembre 2005 - 00:00
Discrepancia de jurados en el Salón Nacional
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«La autopsia», de Marcos López, obra que remeda la célebre «Lección de anatomía» de Rembrandt, recibió una mención
en el Salón Nacional.
Guillermo Kuitca señalaba en su momento la paradoja: «Vivimos en un país que por un lado fiscaliza el arte como si fuera algo de sumo interés y, por el otro, demuestra que no le importa nada».
Como atenuante, se puede considerar que emitir juicio sobre el arte es tarea difícil, porque las leyes que regían la creación han caducado. También es cierto que el talento artístico se resiste a ser evaluado, y no es fácil aunar criterios sobre las bondades de una obra sobre el resto dada la multiplicidad de vertientes. Pero de ningún modo es una misión imposible. Un jurado responsable, con conocimientos suficientes, con una mirada actualizada y bien entrenada, dispuesto a discutir cuál es el valor de cada una de las obras, pude ofrecer resistencia al «todo vale».
Como Berni, el fotógrafo Marcos López tiene capacidad para captar el nervio del tiempo; como «Desocupados», su fotografía «La autopsia», que congela la sangre del espectador y cosechó una triste mención en este Salón, ostenta las cualidades de una obra cumbre ligada al acontecer del país.
El esquema de trabajo de López es el de los pintores realistas, preparar el modelo antes de la toma. Así, para componer la escena de «La autopsia», contrató gente y le indicó cómo debía posar. La imagen está inspirada en la pintura de Rembrandt, «La lección de anatomía», pero también en las fotos del Che Guevara muerto que reprodujeron los medios.
A las referencias estéticas de la pintura, el artista suma las que pertenecen exclusivamente a su oficio: la fotografía. La imagen ostenta un espesor conceptual que la aleja del afán por capturar el instante, es, en sí misma, una reflexión sobre la historia del arte, el oficio del pintor, el pictorialismo fotográfico, la marea de imágenes que circulan por los medios, y hasta la performance. Además, en el contexto argentino, la imagen del cadáver de una joven sobre una mesa de hospital, está cargada de resonancias, para comenzar, la masacre de Cromañón. A pesar de la violencia de lo representado, la fotografía es tan potente que el director del Palais de Glace, Patricio Lóizaga, la eligió para publicitar el Salón Nacional en los medios.
El Gran Premio Adquisición de Fotografía lo ganó Marcia Duhagon con «Fani Carolina», una buena toma directa de un travesti ejerciendo la prostitución callejera. La fotógrafa estadounidense Nan Goldin dedicó una serie a los travestis, pero la imagen de Duhagon es también heredera del grotesco argentino de López, debido al tamaño desmesurado de los pechos desnudos e inflados con silicona.
El primer premio adquisición de Bruno Dubner, recuerda la instalación «Puertas» que Leandro Erlich expuso en la última Bienal de San Pablo, y el segundo, otorgado a Yolanda Del Amo, por una obra dedicada a marcar diferencias sociales, evoca el trabajo de la mexicana Daniela Rossell. De filiaciones más o menos cercanas se compone la historia del arte, y nada puede extrañar.
El dato que resulta extraño, dada la calidad de la obra, es la omisión de «La autopsia» en los premios. El miembro del jurado Aldo Bosco, argumenta: «El arte tiene que ser bello, y esa foto no es agradable, ¿usted la colgaría en su comedor?». Al preguntarle si está conforme con la actuación del jurado, responde sin dudar: «No, porque no me gustó que no hubiera debate».
Ante el evidente quiebre en la opinión del jurado que por unanimidad seleccionó los premios, este diario consultó a Nora Dobarro, quien relata su experiencia: «Me encontré peleando criterios en un marco de mirada inaceptable, sin posibilidad de debatir la estética y con obstáculos para objetivar mínimamente la selección. Mis propuestas se estrellaban contra un muro que privilegiaba la velocidad del trabajo, que tenía que ser rápido. Hay testigos de mis demandas y gritos frente a los rechazos o aceptaciones injustificables. No hubo confrontación, y si la hubo con alguno, se deshizo en argumentos sin consistencia. Ya enardecida, planteé que debía considerarse la trayectoria de los participantes, porque es el mayor premio del país: se otorga la pensión. Y no obtuve consenso».
Como quien confiesa una falta, Dobarro agrega: «Creo que por respeto a mis colegas que depositaron su confianza, lo mejor hubiera sido retirarme a tiempo». No es la primera vez que a López le retacean un premio. El año pasado presentó en el Chandon «Hospital de Buenos Aires», imagen inspirada en la dramática pintura de Kahlo, «Las dos Fridas», donde dos hermanos gemelos, uno sano y el otro enfermo, están unidos a la altura del codo por una venda.
En esta escena hospitalaria, López reitera con variaciones la situación del cuadro: la sangre de una, sana, se alimenta del corazón de la otra, enferma. Pero mientras la imagen de Kahlo habla de muerte, la de López remite a la idea de fraternidad. El jurado del Chandon aceptó sin discutir la excelencia de esta obra, es más, la elogió sin reparos, pero considerando que conspiraba contra el estímulo que pretendían brindarle a los artistas jóvenes, le otorgó a López sólo una mención.
El artista envió otra obra notable, «La carnicera», al premio Osde, donde también lo conformaron con una mención. Ahora, el debate sobre el premio Nacional de Fotografía, que se otorga con dineros públicos, está abierto. Dos miembros del jurado no están de acuerdo con el resultado, y la mentada «unanimidad» no existe.



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