«El viaje de Mirna». Dramaturgia y Dir.: M. Feldman. Int.: D. Dejtiar, M. de la Puente, L. Paredes, C. Pereira. Musicalización: N. Varchausky. Esc.: N. Pola.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
De Ionesco en adelante, el tema de la incomunicación se instaló en la escena occidental con el fin de denunciar la angustia y la soledad del hombre contemporáneo. Ese mismo tema sigue vigente en el teatro argentino de los últimos años, pero con una tonalidad mucho más lúdica y sin ninguna pretensión de reflexionar sobre el tema. «El viaje de Mirna» de Matías Feldman es una simpática comedia de situaciones, cuyas escenas conservan el carácter abocetado de un ejercicio de improvisación. Todo lo que se dice y ocurre en los escasos 50 minutos que dura el espectáculo suena aleatorio y hasta los conflictos que enuncia cada uno de los personajes van quedando de lado sin alcanzar ningún tipo de desarrollo o resolución.
Pero felizmente la aceitada dinámica actoral que han logrado Débora Dejtiar (Mirna), Maximiliano de la Puente (Marko), Laura Paredes (chica joven) y en un papel más secundario, Claudio Pereira (el policía), suple ampliamente algunas debilidades estructurales de la pieza. Además, sus diálogos son muy graciosos y en ellos se percibe la influencia de dos reconocidos dramaturgos: Javier Daulte («Bésame mucho») y en especial Rafael Spregelburd (con quien Feldman y las dos actrices del elenco realizaron un taller de actuación del que surgió «Fractal», desopilante espectáculo inspirado en la teoría del caos).
• Sin mensaje
«El viaje de Mirna» también descarta la transmisión de un «mensaje» y apela a razonamientos falsos, contenidos absurdos y planteos que se diluyen o cambian de sentido a poco de ser enunciados, pero que aquí se da como una extraña combinatoria entre la necesidad de decir algo para tapar el vacío y la irritante abulia de los protagonistas que se niegan a cuidar la lógica de sus razonamientos.
A medio camino entre el absurdo y la zoncera, conversan sobre los más diversos temas (gramática inglesa, libros, maestros hindúes, metereología, comidas, actrices, documentales) pero ni siquiera la fugaz mención de algunos de sus proyectos o supuestos conflictos amorosos puede con su desidia y falta de concentración. Su dinámica comunicacional resulta tan espasmódica como el acto de hacer zapping frente al televisor.
La banalidad y el olvido de este presente eterno echa por tierra cualquier tipo de valor trascendente. Pero, aun entre risas, porque el efecto de estas dislocadas conversaciones resulta cómico, hay quienes sentirán un pequeño escalofrío. Detrás de ese apacible laissez faire asoma un vacío existencial y un sin sentido que los artificios del lenguaje no logran disimular.
Dejá tu comentario