Diego Peretti y Luis Luque son el psicoanalista y el policía que se vuelven inseparables en
el vertiginoso, y por momentos desopilante, segundo film del creador de «Los simuladores».
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Así comienza la serie de sesiones terapéuticas, poco ortodoxas claro está, a bordo de la patrulla, que primero divierten pero luego se vuelven algo reiterativas. Sin embargo, no hay que temer a estos primeros veinte minutos pues poco tendrán que ver con la acción que llega después. Bien vale la pena perdonarle al creador de Fiel a su estilo,
Desde esa noche, ambos se vuelven amigos inseparables e implícitamente demuestran haber sellado el pacto que los convertirá en los
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