«Arquitectura fugaz» (2006), de Juan Doffo, acrílico sobre
tela.
La muestra de Juan Doffo en Galería Rubbers confirma una vez más que es el resultado del proceso lento, meditado, de un artista que no se dejó tentar por el canto de sirena de popularidades tempranas.
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No puede incluírselo en la lista de aquellos que fatigan y se fatigan en múltiples salones, premios, exposiciones aquí y allá, presionado por producir sometiéndose a las leyes del mercado. Tampoco puede decirse que es un «artista que ha llegado a la madurez», ya que su obra es un recorrido por distintas etapas en las que se produjeron cambios profundos a medida que dirigía una mirada introspectiva a su propio ser y al mundo que le toca vivir. Por eso, esta muestra es un aprendizaje para aquellos que se autotitulan artistas por el sólo hecho de haber concurrido a algunos talleres para exponer rápidamente sin autocrítica alguna. Diecisiete obras de gran formato realizadas entre 2005/7, como siempre, paisajes, en realidad, un paisaje, el de Mechita, su pueblo natal. Una pequeña población, una calle principal con típicas casas traídas de Inglaterra con techos para que la nieve se deslice -una ironía para la inmensidad y el clima de la llanura pampeana-, un enclave donde se reparaban máquinas y vagones del ferrocarril.
Con el tiempo llegó el abandono. Mechita casi desaparece hasta que Doffo la puso en el mapa, no geográfico sino en la esencia de una obra que roza lo metafísico. La imagen es casi siempre recurrente: un camino principal que se pierde en el horizonte infinito, las casas a su vera, el inmenso cielo y sus estrellas, el fuego que se observa lejano en los pastizales o el que el artista enciende.
¿Es siempre el mismo paisaje? Sí y no, porque Doffo lo ha transfigurado y cada obra presenta un problema diferente. Una geometría que aparece como una circunferencia atravesada por el fuego, por ejemplo, «Río infinito», una bóveda celeste transparente, «Los cuatro cielos del hombre» que parece proteger este punto geográfico, el contraste cielo-tierra en «Sustancia de tiempo».
Doffo es también un gran fotógrafo, disciplina que lo provee de ciertos artificios como el que aparece en «Arquitectura fugaz», acrílico sobre tela. Doffo relata que un astrónomo le enseñó a detectar el sur celeste que no coincide con el geográfico y en ese punto giran todas las estrellas y planetas que se ven desde el hemisferio Sur, por eso las líneas que cruzan este paisaje azul con sutiles grises, son las líneas del recorrido de las estrellas.
El fuego está presente en sus pinturas de los 80 así como en acciones relativamente recientes como en la que participaron los habitantes de Mechita encendiendo fogatas en la calle principal y que constituyó un ritual o el que lo tiene como protagonista de un incendio nocturno en la inmensidad del campo, todos registros fotográficos memorables.
Una obra de 2006 que se exhibe en la muestra es «El latido del fuego», una grilla abovedada en la que algunas celdas están iluminadas por el fuego, alusión, sin duda, a ese fuego interior que le da sentido a su arte y que como bien describió Nietszche, «el arte, lo que más posibilita la vida, el gran seductor de la vida, el gran estimulante de la vida». Av.Alvear 1595 Clausura el 4 de octubre.
Susana Lescano (Córdoba, 1948) comenzó a exponer individualmente en Buenos Aires en 1993. Presentó entonces una serie titulada «Nidos», un entretejido de alambres y madera, estructuras de apariencia frágil que apenas dejaban pasar la luz y que contenían huevos dorados. Más adelante, su serie «Las ofrendas», concavidades en las que combinó bronce, madera y mármol alojaban semillas de cerámica, una continuación de la anterior en relación con la creación y los ciclos de la vida.
Hacia 2000 «Sonidos» constituía un conjunto de instrumentos musicales en acero, madera, alambre de alpaca y plata, una forma circular levemente apoyada con un orificio central, encerrada o rodeada por cuerdas llevadas a su máxima tensión.
En «Sonidos del Paraíso» (2001), Lascano va a continuar con los instrumentos musicales, sólo que esta vez su despojamiento la lleva al terreno de lo minimalista. La palabra «continuar» como bien lo señala Nelly Perazzo en el libro dedicado a la artista recientemente publicado, «Lescano se desliza de una serie a la otra sin rupturas abruptas..., cada serie lleva en sí la siguiente...».
«Gongs», círculos de aluminio de gran equilibrio y rigor constructivo que preceden a «Espinas y frutos» y «Semillas», obras de mayor espesor y densidad, quizás sean el antecedente de las obras que presenta actualmente en la Fundación Mundo Nuevo. Círculos de acero que la artista llama «Obra abierta» ya que efectivamente se abren para descubrir otros círculos o fragmentos de ellos en un cromatismo brillante. «Caminos interrumpidos», planos cuadrados de acero pintado atravesados y recorridos por cintas de caucho de colores, obra que como todo lo realizado por Lescano implica riesgo, desafío además de un oficio depurado. Av. Callao 1870. PB. Hasta el 27 de septiembre.
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