Drama iraní del color más noble y emotivo

Espectáculos

Casi bastaría decir que el realizador de este film es Majid Majidi, el mismo de «El padre» y «Los niños del cielo», acaso la película iraní mundialmente más popular y mejor recordada, ya que hasta fue candidateada al Oscar junto a «Estación central» y «La vida es bella». Como en aquellas películas, también en «El color del paraíso» el experto Majidi logra transmitir con arte admirable la intensidad y la nobleza de los sentimientos infantiles, provocando emoción y reflexión al mismo tiempo. Sólo que, en este caso, el género es otro.

Acá se trata directamente de un melodrama con todas las de la ley, bien contundente, sobre las vacaciones de un niño ciego (pero hábil, alegre, ansioso de conocer y ser querido), que sale del internado rumbo a las montañas de su aldea natal. La abuela y las hermanas lo quieren, y el lugar es cálido y bellísimo, pero su padre (viudo con ganas de casarse otra vez) lo mira con vergüenza.

Ese hombre, que resulta un pícaro más bien zonzo y amargado, está rodeado de coloridas maravillas, pero su oficio es convertirlas en carbón. El niño entenderá el código de los pájaros carpinteros. El padre sentirá miedo del canto de otras aves. Así se plantean las cosas, y peores. Por algo es un melodrama.

El desenlace es impresionante (todo se desencadena cuando el niño cruza a caballo un frágil puente sobre un arroyo torrentoso, bajo la lluvia), una de esas situaciones ante las cuales el espectador se admira por el modo en que están hechas, se estremece por lo que pueda pasar, y se angustia por el modo en que acaso el cielo suele disponer de los destinos humanos. Pero también allí, el espectador verá lo que su corazón quiera ver.

Memorables, y fuertemente emotivas, la escena en que el chico logra salvar con su solo esfuerzo un pichoncito caído, la otra escena, en que lee fácilmente en Braille el mismo texto que los demás chicos de la aldea están leyendo trabajosamente en clase, o el diálogo en que un carpintero, también ciego, le explica que Dios puede sentirse entre los dedos. Todas las películas iraníes se inician con la invocación
«En el nombre de Dios». Esta prosigue con un poema: «¿Eres visible o invisible? Sólo a tí te deseo...». Una clave que envuelve todo el film, y hace pensar en la razón y en el consuelo de algunos sufrimientos.

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