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28 de noviembre 2006 - 00:00

"Droga y electrónica ya no son un vínculo vigente"

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Los israelíes Amit Duvdevani, «Duvdev», y Erez Eizen de «Infected Mushroom», que la semana próxima actuarán en Buenos Aires.
"La música electrónica avanza rápido por su manera de ser producida: sólo se necesita una computadora, cuando una banda de rock tiene que juntar a todos los integrantes en una sala de ensayo y recién allí empiezan a componer", explica el israelí Amit Duvdevani, más conocido como «Duvdev», quien junto a Erez Eizen integra el dúo electrónico «Infected mushroom». Cuentan en la Argentina con miles de seguidores que se identifican, como en el mundo, llevando a sus shows sombreros con la forma de «hongos infectados» que dan nombre a este grupo.

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Eizen, de 26 años, estudió música desde los cuatro y comenzó tocando el órgano, pero a los once ya estaba involucrado con las computadoras y la música electrónica. Duvdev, de 32, estudió piano y música clásica durante nueve años, y llegó a tocar teclados en grupos de new wave y rock en Israel. En 1991, una semana antes de que Duvdev tuviera que alistarse en el ejército, asistió a su primera fiesta trance y después de pasar un año en la India fundó « Infected Mushroom».

El dúo actuará el jueves 7 en El Teatro (Federico Lacroze y Alvarez Thomas), donde celebrará el décimo aniversario.

Periodista: ¿Como definiría el «psicodelic trance» que interpretan?

Amit Duvdevani: Siempre tuvimos influencias hardcore y de trash metal. En esta ocasión ofreceremos un megashow multimediático dentro del «Becoming Insane Tour». Este nuevo espectáculo cuenta con VJ propio (generador de imágenes), 16 metros de pantalla, batería y guitarra eléctrica en vivo. Lo haremos en la Argentina y Brasil, como adelanto de lo que será el tour 2007.

P.: Partiendo del nombre de la gira, que traducido significa algo así como «Volviéndose insano» ¿qué opina de la asociación ineludible entre las drogas y la música electrónica?

A.D.: Sólo al principio, hace unos quince años, tuvo lugar esa asociación con el surgimiento del trance. Ahora, el público evolucionó y disfruta de la música sin necesidad de drogarse. En todas las décadas ocurrió lo mismo: en los '60 fue el LSD y la marihuana, y en los '90 las pastillas de éxtasis.

P.: En la Argentina estamos atrasados. El éxtasis se popularizó en esta década y sigue circulando.

A.D.: Lo que pasa con la Argentina ocurre porque es todavía un mercado fresco, donde los «bichos» son una suerte de novedad. Pero en el mundo fue bajando el consumo y lo mismo ocurrirá en su país.

P.: La dinámica y renovación de la música electrónica es tan vertiginosa que se vuelve por momentos descartable. Por eso, el rock tarda mucho más tiempo en cambiar que la electrónica, ¿a qué se debe?

A.D.: Esta música avanza rápido por su manera de ser producida. Sólo requiere una computadora para componer, cuando una banda de rock necesita juntar a todos los integrantes en una sala de ensayo. Además, la electrónica avanza y se renueva tan rápido como el hardware, se produce todo el tiempo y un sonido de hace tres meses puede parecer viejo. Sin embargo, no por eso creo que sea descartable. El trance llegó para quedarse y recibe mucha influencia del rock, así como el rock también influye mucho en la electrónica. Nosotros somos un claro ejemplo de ello, venimos con guitarra y batería.

P.: Llegan a Buenos Aires por tercera vez en dos años, ¿qué tiene en común este público con el europeo o el asiático?

A.D.: El público interesado en nuestra música es similar en todas partes, toman la música muy en serio. No coincido con lo que se dice siempre de que «el público argentino es el más cálido de todos». Es cálido y pasional, lo reconozco, pero nuestro público nos recibe con euforia en Europa, Asia o América.

P.: ¿Los perjudica la descarga de música de Internet (que en el caso de la electrónica muchas veces es más difícil de conseguir) o defienden la libertad de los usuarios para bajar música aunque sea contraproducente para las ventas de CDs?

A.D.: La música debe ser libre para todos porque, gracias a Internet, miles de usuarios nos conocen cada día y luego eligen venir a los shows. A mí me alcanza con que nos vean en vivo y muchos llegan gracias a la difusión en la web. Y si les gustó el show, luego seguramente comprarán el CD, pero si no lo hacen, me interesa sobre todo el live show. Por algo en diciembre tenemos planificados 21 recitales.

P.: ¿Prefieren actuar en festivales multitudinarios como Creamfields o en los llamados «clubs», de menor capacidad?

A.D.: Siempre depende de la gente, puede haber un festival de 200 mil personas, como los que hay en Europa, donde hemos tocado varias veces, y la vibración no ser tan buena. O puede haber 1000 personas que sean explosivas. Lo caliente o lo frío del show depende de la energía, no de la cantidad de público que llevemos.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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