La célebre foto del corresponsal de guerra Joe Rosenthal, al término de la batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial
(izq.). Al lado, el mismo momento en la nueva película de Clint Eastwood, «Banderas de nuestros padres».
Los Angeles (Reuters y Especial) - En el crepúsculo de su carrera, Clint Eastwood (76) está más activo que nunca. Luego de su Oscar por «Million Dollar Baby» no sólo continuó su obra cinematográfica con una díada de películas, sino que éstas son colosales esfuerzos poco habituales en artistas de su edad.
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Ambos films, de claro mensaje patriótico (aunque también traten el tema de la manipulación propagandística del heroísmo por parte de los gobiernos), se ocupan de una batalla célebre en la Segunda Guerra Mundial, la de Iwo Jima, que el ejército norteamericano libró de manera victoriosa, dentro de la llamada Guerra del Pacífico, contra una aparentemente inexpugnable fortaleza japonesa en la isla del mismo nombre. En 1949, la película «Las arenas de Iwo Jima» de Allan Dwan, con John Wayne, fue la primera que llevó al cine esta batalla.
La toma de Iwo Jima, que tuvo lugar sobre las postrimerías del conflicto, alcanzó su momento más sangriento en los meses de febrero y marzo de 1945, provocando más de 6000 bajas entre los norteamericanos y cerca de 18.000 entre los japoneses. Una foto de Joe Rosenthal, corresponsal de guerra de la agencia AP, alcanzó fama mundial, y es la que muestra a un grupo de marines colocando la bandera norteamericana en la cima del monte Suribachi, como símbolo de la victoria . Existe la versión de que, en verdad, esa foto fue «actuada», porque Rosenthal habría llegado con retraso y, cuando lo hizo, los soldados reconstruyeron ese momento. Y fue esa foto la que el gobierno norteamericano explotó intensamente como mensaje propagandístico.
«Flags of Our Fathers» («Banderas de nuestros padres») es el título de la primera de las dos películas de Eastwood, que se estrena hoy en los Estados Unidos y a la que se considera una de las más firmes candidatas para el Oscar del año próximo. Eastwood se encuentra produciendo actualmente la que será la continuación, «Letters from Iwo» («Cartas de Iwo»). El film que estrena hoy cuenta, precisamente, la historia de tres de los hombres que alzaron esa bandera y que fueron fotografiados por Rosenthal.
Según cronistas que ya han visto el film en exhibiciones privadas, las escenas de combate son brutales; el regreso de los personajes a casa no es violento, pero cada pedazo del film es sombrío. La guerra y el repentino salto a la fama marcó a los tres hombres para el resto de sus vidas. El quid de la película de Eastwood es cómo el conflicto, inclusive para los «buenos», produce pesadillas perpetuas para los que participan en él. Eastwood dijo que éste no es un film de guerra, pero sí una película sobre el significado del heroísmo y un examen de la fama, sea ésta de la naturaleza que fuere.
Sus dos últimos trabajos, «Million Dollar Baby» y «Río místico», hablaban sobre la eutanasia y los abusos sexuales. Eastwood señaló que quería que «Banderas de nuestros padres» mostrase los efectos de la guerra en los hombre normales que lucharon en ella. «Si alguien es muy fanfarrón sobre sus días de combate, es que era mecanógrafo en una oficina», dijo, y añadió que «la mayoría de los hombres que estuvieron allí no hablan de ello» como uno de los héroes de la película, John Bradley (interpretado por Ryan Philippe).
Al hijo de Bradley, James, le llevó varios años recopilar lo que le había pasado a su padre y lo convirtió en un éxito de ventas. El libro también se centra en las historias de otros dos portadores de la bandera que sobrevivieron, el indio estadounidense Ira Hayes, que murió alcoholizado, y Rene Gagnon, de Nueva Inglaterra, que se convirtió en una amargado cuando lo abandonó la fama.
«Cartas de Iwo», la continuación, también habla de esta batalla pero cuenta la guerra desde el punto de vista japonés, y está destinada principalmente al mercado de ese país.
La publicación especializada «Variety», al comentar esta película, señaló que «Banderas...» representa en esta época lo mismo que «Un tiro en la noche», de John Ford fue para la suya (comienzos de los años 60).
En aquel film, Ford hizo famosa esta frase: «Cuando la leyenda se convierte en hecho real, imprime la leyenda», queriendo significar que cuando un episodio histórico legendario se ha hecho carne en la memoria de la gente, no tiene sentido investigar su cuánto de veraz tuvo. «Variety» dice también que la película se ocupa del derecho que tienen los héroes de guerra a no remover demasiado sus recuerdos.
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