6 de noviembre 2001 - 00:00
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Edda Díaz
E.D.: No. La última vez que hice dúo fue con Carlos Perciavalle y nos fue como el culo. (Canta) «¿Cómo olvidar aquel fracasooo?». Cuando nos separamos nos empezó a ir bárbaro. ¡Y eso que nosotros ya nos habíamos probado! Pero, en realidad, él hacía pareja con Antonio Gasalla. Juntos tenían otra energía. En cambio, Carlos y yo, dos hiperkinéticos incorregibles, en lugar de potencializarnos nos neutralizábamos. Porque, ya se sabe: más con más es menos.
P.: ¿Con qué otros temas se mete en este espectáculo?
E.D.: Con los siete pecados capitales. Es un sketch que escribí con la colaboración de Elio Marchi. Ahí interpreto a una mujer que queriendo huir de un pecado va cayendo en otro y en otro. Es una gran pecadora y debo reconocer que ese sketch me demostró, entre otras cosas, que yo ya pasé por todos los pecados capitales. Entonces me dije a mí misma: «¡Bienvenida al club de los seres humanos!». También agregué un octavo pecado que es el del abuso de poder. Es un sketch en verso, todo un desafío actoral.
P.: ¿Y usted qué piensa de los pecados capitales?
E.D.: Que todos esos pecados por los cuales nos han prometido el infierno son tonterías. Hay actos mucho peores como algunos que se cometen desde el gobierno. Me refiero a prometer y no cumplir y a la mala costumbre de quedarse con lo ajeno.
P.: ¿Trabaja con material autobiográfico?
E.D.: En el último sketch cuento la historia de mis amores y, como ocurre en todo el espectáculo, no se sabe cuándo estoy diciendo la verdad y cuándo estoy mintiendo, ni cuál es la cuota de exageración en lo que digo. Porque, en definitiva, cuando yo cuento la supuesta historia de mis amores (el sketch se titula «Memorias de una mujer formal») hay mujeres en la platea que se sienten muy identificadas y se quedan después de la función para decirme: «¡Guacha! ¿Quién te dio permiso para que contaras la historia de mi vida?». Para mí el humor es una manera de sanar, a mí y a los demás. Recién en los últimos años llegué a la claridad de esta misión de hacer felices a los demás... ¡La pucha, qué misión!




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