6 de noviembre 2001 - 00:00

Edda Díaz: "Sólo imito a la gente que admiro"

Edda Díaz
Edda Díaz
En su nuevo unipersonal, titulado «La máquina del humor», Edda Díaz se encarga de repasar los siete pecados capitales y algunos episodios de su vida amorosa. También se atreve a imitar a prestigiosas figuras del ambiente artístico. «La máquina del humor» se presentará en el Auditorio de la Asociación Bancaria (Sarmiento 341) todos los sábados de noviembre a las 22.

Periodista: ¿Cómo armó su nuevo espectáculo?

Edda Díaz: Es la nueva versión de un espectáculo que hice hace seis años. Primero empiezo con una charla informal que titulé «Preguntame lo que quieras», donde hablo de la profesión como si estuviera en mi camarín y además compongo a varias actrices: Ana María Campoy, Graciela Borges, China Zorrilla, María Rosa Gallo... y si estoy inspirada también lo hago a Alfredo Alcón. Son parte de los personajes que siempre hice en mis espectáculos. Gente a la que quiero y admiro mucho, que es mi amiga personal.Y además el público los adora tanto que no es necesario aclarar a quién estoy interpretando en ese momento. No hace falta. ¡Mirá que hay que ser célebre para que la gente te reconozca sin necesidad de dar nombres!

P.: ¿Y sus modelos cómo reaccionan?

E.D.: China ha tenido hasta la gentileza de mandarme flores. Con Graciela soy muy amiga, Alfredo y María Rosa han sido maestros míos... Con la que tengo menos trato es con la Campoy, que me divierte muchísimo y me parece un genio. Lo que hago está basado en la admiración, yo no pierdo mi tiempo en meterme con gente que es muy popular sólo para hacer una broma. En realidad yo me meto con el oficio.

P.: ¿Nunca le interesó volver a compartir el escenario con otro actor?

E.D.: No. La última vez que hice dúo fue con Carlos Perciavalle y nos fue como el culo. (Canta) «¿Cómo olvidar aquel fracasooo?». Cuando nos separamos nos empezó a ir bárbaro. ¡Y eso que nosotros ya nos habíamos probado! Pero, en realidad, él hacía pareja con Antonio Gasalla. Juntos tenían otra energía. En cambio, Carlos y yo, dos hiperkinéticos incorregibles, en lugar de potencializarnos nos neutralizábamos. Porque, ya se sabe: más con más es menos.

P.: ¿Con qué otros temas se mete en este espectáculo?

E.D.: Con los siete pecados capitales. Es un sketch que escribí con la colaboración de Elio Marchi. Ahí interpreto a una mujer que queriendo huir de un pecado va cayendo en otro y en otro. Es una gran pecadora y debo reconocer que ese sketch me demostró, entre otras cosas, que yo ya pasé por todos los pecados capitales. Entonces me dije a mí misma: «¡Bienvenida al club de los seres humanos!». También agregué un octavo pecado que es el del abuso de poder. Es un sketch en verso, todo un desafío actoral.

P.: ¿Y usted qué piensa de los pecados capitales?

E.D.: Que todos esos pecados por los cuales nos han prometido el infierno son tonterías. Hay actos mucho peores como algunos que se cometen desde el gobierno. Me refiero a prometer y no cumplir y a la mala costumbre de quedarse con lo ajeno.

P.: ¿Trabaja con material autobiográfico?

E.D.: En el último sketch cuento la historia de mis amores y, como ocurre en todo el espectáculo, no se sabe cuándo estoy diciendo la verdad y cuándo estoy mintiendo, ni cuál es la cuota de exageración en lo que digo. Porque, en definitiva, cuando yo cuento la supuesta historia de mis amores (el sketch se titula «Memorias de una mujer formal») hay mujeres en la platea que se sienten muy identificadas y se quedan después de la función para decirme: «¡Guacha! ¿Quién te dio permiso para que contaras la historia de mi vida?». Para mí el humor es una manera de sanar, a mí y a los demás. Recién en los últimos años llegué a la claridad de esta misión de hacer felices a los demás... ¡La pucha, qué misión!


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