16 de diciembre 2001 - 00:00
El actor Francisco Cocuzza ahora también canta tangos
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Francisco Cocuzza
Periodista: ¿Cómo fue que se animó a cantar tangos?
Francisco Cocuzza: Hace tiempo que vengo investigando sobre el tango para armar un unipersonal, pero si no fuera porque Alfredo Diez, mi productor, me empujó a que estrenara no sé cuándo lo habría hecho. Yo siempre canté entre amigos, pero nunca frente al público. Creo que me debía esta experiencia de meterme con el tango desde mi lugar de actor. Por suerte me fue muy bien, ya me presenté en Venezuela, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Perú y también en varias ciudades argentinas.
P.: Pero nunca en Buenos Aires, nada menos que la capital del tango...
F.C.: Podría dar varias razones, entre ellas la dificultad de encontrar una sala adecuada. Pero creo que también hay alguna razón oculta, por ejemplo mi necesidad de moverme con sumo cuidado, porque hacer un espectáculo de tango en Buenos Aires es todo un desafío. Yo escuché las declaraciones de Cristina Banegas -ella está haciendo un trabajo parecido al mío en su espectáculo «La morocha»- y decía que antes de estrenarlo en Buenos Aires, necesitó mostrarlo afuera. Bueno, a mí me pasó lo mismo. Yo estoy seguro que la gente tanguera se va a comprometer con mi espectáculo, una vez que lo conozca; pero también sé que hay un prejuicio contra los actores que nos metemos en esto.
P.: ¿En qué consiste su espectáculo?
F.C.: En primer lugar, por mi metodología de trabajo, logro que temas tan conocidos y emblemáticos como «Sur», «Nostalgias» o «Yira yira» lleguen al público como si los escuchara por primera vez. Se hacen muchos espectáculos de tango, pero siempre tomando el lado humorístico o sus aspectos pintoresquistas, sin tratar sus temas en profundidad. Salvo excepciones, yo veo gente que canta bien o interpreta bien pero no al nivel que a mí me interesaba llegar. El predominio de la música y el canto hace que en muchos casos haya un total desconocimiento de lo que se dice. Hay cantantes que hasta se permiten cambiar las letras con una facilidad pasmosa. Pero el tango sobrevive y sigue emocionando aquí y en otras partes del mundo. Lástima que todavía nadie se haya preocupado en investigar a fondo la razón de semejante impacto y perdurabilidad.




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