16 de diciembre 2001 - 00:00

El actor Francisco Cocuzza ahora también canta tangos

Francisco Cocuzza
Francisco Cocuzza
E n su extensa trayectoria como actor, Francisco Cocuzza ha frecuentado a grandes autores de la escena universal como Eugene Ionesco y Peter Handke; pero tras el éxito de su unipersonal «Stefano» (adaptación de la pieza homónima de Armando Discépolo, que desde hace años forma parte de su repertorio de gira) decidió acercarse a la obra de cinco grandes poetas del tango: Homero Manzi, Homero Expósito, Enrique Cadícamo, Cátulo Castillo y Enrique Santos Discépolo. De allí surgió «Tango, ese loco espejismo», un espectáculo que luego de su gira por varios países de América latina y algunas ciudades del interior del país, formará parte de la nueva temporada Marplatense. Su estreno está previsto para el 3 de enero en la sala de la Confitería Jockey club (Rivadavia y Corrientes).

Periodista: ¿Cómo fue que se animó a cantar tangos?


Francisco Cocuzza:
Hace tiempo que vengo investigando sobre el tango para armar un unipersonal, pero si no fuera porque Alfredo Diez, mi productor, me empujó a que estrenara no sé cuándo lo habría hecho. Yo siempre canté entre amigos, pero nunca frente al público. Creo que me debía esta experiencia de meterme con el tango desde mi lugar de actor. Por suerte me fue muy bien, ya me presenté en Venezuela, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Perú y también en varias ciudades argentinas.

P.: Pero nunca en Buenos Aires, nada menos que la capital del tango...

F.C.: Podría dar varias razones, entre ellas la dificultad de encontrar una sala adecuada. Pero creo que también hay alguna razón oculta, por ejemplo mi necesidad de moverme con sumo cuidado, porque hacer un espectáculo de tango en Buenos Aires es todo un desafío. Yo escuché las declaraciones de Cristina Banegas -ella está haciendo un trabajo parecido al mío en su espectáculo «La morocha»- y decía que antes de estrenarlo en Buenos Aires, necesitó mostrarlo afuera. Bueno, a mí me pasó lo mismo. Yo estoy seguro que la gente tanguera se va a comprometer con mi espectáculo, una vez que lo conozca; pero también sé que hay un prejuicio contra los actores que nos metemos en esto.

P.: ¿En qué consiste su espectáculo?

F.C.: Está dividido en cinco momentos diferentes cada uno dedicado a un autor. Empiezo con un tango bastante poco conocido, «Mi taza de café» de Homero Manzi, que expresa muy bien mi propia situación, la de una persona del interior -yo nací en Santa Fe-que llegó a Buenos Aires, donde se sintió atrapada por el tango y desde entonces necesitó expresarse a través de él. Ese tango de Manzi me permite introducir el espectáculo y apropiarme de sus letras como si se tratara de mi experiencia personal. Los demás temas van profundizando en la intimidad del amor y en distintos conflictos vitales. Lo que sucede es que yo a un tango puedo decirlo, actuarlo o cantarlo sin transición y con total fluidez. En el bloque de Discépolo, por ejemplo, realizo una especie de representación teatral con bastantes rasgos humorísticos, donde ya no hay música y el texto de los cuatro tangos («Malevaje», «Quevachaché», «Chorra» y «Yira...yira») está utilizado como material dramático. No hay que olvidar que éstos son poetas de una dimensión tan grande como la de Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón o Jorge Luis Borges.

Método

P.: ¿Qué aporta de nuevo su espectáculo?

F.C.:
En primer lugar, por mi metodología de trabajo, logro que temas tan conocidos y emblemáticos como «Sur», «Nostalgias» o «Yira yira» lleguen al público como si los escuchara por primera vez. Se hacen muchos espectáculos de tango, pero siempre tomando el lado humorístico o sus aspectos pintoresquistas, sin tratar sus temas en profundidad. Salvo excepciones, yo veo gente que canta bien o interpreta bien pero no al nivel que a mí me interesaba llegar. El predominio de la música y el canto hace que en muchos casos haya un total desconocimiento de lo que se dice. Hay cantantes que hasta se permiten cambiar las letras con una facilidad pasmosa. Pero el tango sobrevive y sigue emocionando aquí y en otras partes del mundo. Lástima que todavía nadie se haya preocupado en investigar a fondo la razón de semejante impacto y perdurabilidad.

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