18 de enero 2002 - 00:00

"El arte es un refugio de toda esta barbarie"

Maximiliano Guerra
Maximiliano Guerra
(18/01/02) Maximiliano Guerra pasa la mayor parte de su vida en Europa, donde reside, aunque temporariamente puede gozarse su baile por aquí, cuando se presenta con el Ballet del Mercosur que él mismo dirige. Desde ayer, y hasta el domingo, Guerra cumple con su doble tarea de estrella principal y conductor de la compañía que reúne a una veintena de jóvenes bailarines, en su mayoría argentinos.

En esta primera presentación del artista del año en la Argentina, se podrán apreciar creaciones de la brasileña Ana Mondini («Bailantas»), de la argentina Mora Godoy (la de «Tanguera»), titulada «Tangos mirando al Sur»; del italiano Mauro Bigonzetti («Arms»), del argentino Mario Galizzi sobre Bournonville («La Sylphide») y un trabajo conjunto de Galizzi y el mismo Guerra titulado «The End», con música de Bon Jovi, Phil Collins y Pink Floyd. También de la argentina Silvina Cardel se verá un trío en carácter de estreno.

Las funciones se llevan a cabo en el Teatro Broadway, con «precios muy módicos», dice Guerra «ya que entre nuestras expectativas para la breve temporada en Buenos Aires no es la menor convertir estas funciones en un refugio ante tanta barbarie política y económica», agrega sombrío el bailarín, que recibió a este diario a pocas horas de haber llegado al país, proveniente de París donde acaba de bailar en el Palais Garnier el ballet «Excelsior» de Luigi Manzotti, junto al Ballet de la Scala de Milán.

Guerra
dejó la Argentina el 29 de octubre de 2001, luego de una presentación en el Luna Park. Desde entonces no salió de Europa.

Periodista: ¿Cómo vivió todo el proceso de degradación argentino de los últimos meses desde Europa?


Maximiliano Guerra:
Vivimos todo con una gran angustia, y a veces nos asombró la falta de comprensión de los medios europeos para analizar el problema. Vimos a la Argentina muy sufrida y muy preocupada, anuqe entendimos que era un punto al que se debía llegar. Sufrir profundamente, tocar fondo, y a partir de allí, ojalá, reaccionar. Yo soy positivo y tengo confianza en el país. Desde el último lugar del pozo ahora debemos resurgir. Siento que los franceses y los italianos, por ejemplo, se sienten solidarios con la Argentina.

P.: En nuestra última conversación, usted ya tenía por ejemplo una visión muy crítica de lo que ocurría en el Teatro Colón. Por supuesto, todo esto se torna ahora más
grave.


M.G.:
El Colón es igual al país. Refleja lo que le está pasando al país, que es muy feo. Conozco las limitaciones que tuvo la compañía el año pasado, donde se hicieron pocas funciones...

P.: Apenas dos obras integrales y luego una serie de programas mixtos, muy distinto de las temporadas de otros teatros del mundo, donde el ballet ocupa un lugar similar al de la ópera, con la programación de muchos títulos integrales durante la temporada.


M.G..
Así es. Por ejemplo, con mi compañía duplicamos el número de las funciones durante la temporada pasada. Eso también debió haberlo hecho el Colón y no lo hizo. Yo, de hecho, hace cuatro temporadas que no participo de las temporadas del teatro.

Proyecto

P.: Se ha dicho que usted bailará el papel principal de «La fierecilla domada» durante esta temporada para un abono anunciado por la DAIA.

M.G.:
Lo sé. Peró yo no he firmado nunca ningún contrato para esa reposición. Tampoco lo ha hecho el repositor de la obra autorizado por los destinatarios de los derechos del autor. Por lo tanto, todo es un absurdo que no comprendo. Amo el Teatro Colón. Para mí, volver a él es como hacerlo a mi casa. Allí tuve los primeros aplausos y me inicié en una carrera internacional que me da felicidad. Sería muy bueno.

P.: ¿Volvería a ser asesor de la dirección como lo fue en una oportunidad?

M.G.:
Depende de quién sea el director. Si fuera una persona como Kive Staiff no lo dudaría un instante. El sabe cómo hacer las cosas y yo me sentía apoyado en mi labor de ordenador del Ballet Estable. Había buscabado un director importante, se renovó la programación... pero no fue.

P.: ¿Continuará con las actividades del Ballet del Mercosur en la temporada de 2002? ¿Cómo hace para mantener la compañía con una situación como la argentina?


M.G.:
Tratamos de manejar bien los números, aunque como a todo el mundo se nos han presentado muchos problemas. Yo también estoy con mi dinero en la Argentina en el «corralito» financiero, pero trataré de seguir adelante. Creo en el proyecto, como creo en la unión de los países latinoamericanos para una causa común. Y como buen taurino, voy a seguir luchando. No debo olvidarme que tengo a mi cargo a mucha gente joven, y con este trabajo viven 18 bailarines. De no seguir la compañía, habría 18 desocupados más.

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