El cielo tan temido en cautivante fábula

Espectáculos

«En el cielo» («Heaven», EE.UU.-G.B., It., Fr., Al., 2002; habl. en inglés e italiano). Dir.: T. Tykwer. Int.: C. Blanchett, G. Ribisi, R. Girone, S. Rocca y otros.

L a muerte de Krzysztof Kieslowski, ocurrida en 1996, imposibilitó que el gran maestro polaco rodara la segunda de sus trilogías luego de «Trois couleurs: Bleu, Blanc, Rouge». La noticia de que Miramax, detentora de los derechos, se propuso llevar de todas maneras al cine este proyecto, provocó reacciones contradictorias entre los muchos admiradores de Kieslowski en el mundo, y que fueron desde el júbilo hasta la sensación de profanación.

Para los últimos, ahí cerca estaba el ejemplo del mamarracho sentimental y de efectos especiales en el que Steven Spielberg había transformado la «Inteligencia artificial» que no pudo llegar a filmar Stanley Kubrick.

Por fortuna, el cineasta elegido para hacerse cargo de la primera parte de esta nueva trilogía,
«En el cielo», fue el alemán Tom Tykwer, cuya obra, con excepción de «Corre Lola corre», continúa ignorada en los cines argentinos, y todo indica que esto seguirá así: Sony Pictures, por ejemplo, decidió no estrenar «La princesa y el guerrero», una sugestiva e hipnótica fábula de amor entre una enfermera y un ex delincuente, que fue la película que seguramente convirtió a Tykwer en el candidato ideal para filmar «En el cielo» por más de una similitud de temperamento, e inclusive de azarosa coincidencia en la historia de una pareja que huye. Es absurdo especular sobre cómo Kieslowski habría planteado este film, un relato de resonancias religiosas sobre la culpa, el castigo y la posibilidad o no de redención. Tykwer, mucho más contenido que en sus films anteriores, como si temiera que un «exceso de estilo» apartara demasiado al libro de su intención original, lo ha rodado de una forma extremadamente ascética. Por momentos, la definición de su protagonista Philippa ( Catte Blanchett) recuerda, en gestualidad y físico, con la cabeza rapada, la Juana de Arco de la Falconetti en el clásico de Dreyer.

«En el cielo» es también una parábola sobre la justicia, la de las propias manos, la del Estado, la divina. Philippa, una profesora de inglés que vive en Turín, quiere matar a un traficante de droga cuya mercancía la ha dejado viuda. Coloca una bomba en su oficina, sale de allí y se entrega por teléfono a la policía, confesando su acción, pero las cosas no ocurren como se propuso: la bomba termina matando a cuatro inocentes, dos de ellos niños.
Aturdida, incapaz de reaccionar y menos de dimensionar lo que provocó, en el juicio oral se la sindica como terrorista, con excepción de Filippo (
Giovanni Ribisi) un policía que oficia de traductor y que es el único que le cree y que más tarde la ayudará a escapar y huirá con ella.

Imágenes

«En el cielo» abre y cierra con simétricas imágenes de paraíso (la primera, electrónica, es invención de Tykwer y no estaba en el guión original), pero su escenario es el infierno: en la mujer, el de la culpa sin horizontes de expiación, y en el hombre, también él un fugitivo mucho antes de traicionar su función en la corte y en su propia familia, el del intento de un amor solidario y autodestructivo a la vez. Definitivamente, Tykwer filmó el infierno, la huida dura e inmisericordiosa de dos personajes sin lugar en el mundo. El cielo que los devora es menos una redención que una condena. ¿También Kieslowski lo habría interpretado así? Esta no es su película.

Dejá tu comentario