Finaliza el rodaje de “Romance de la luna negra”, la nueva película de Pablo César, donde Bécquer, Unamuno y Ortega y Gasset dialogan con una mujer de 91 años en un universo que mezcla lo real y lo onírico.
Pablo César, durante el rodaje de “Romance de la luna negra”.
Termina en estos días el rodaje de la nueva película de Pablo César, “Romance de la luna negra”, donde Gustavo Adolfo Becquer, Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset dialogan con una señora anciana de nombre Clara, que vive sola en la parte alta de un caserío vasco. Ella, como puede advertirse, “transita entre lo cotidiano y lo extraordinario, entre lo tangible y lo que se desvanece como un sueño. Los encuentros con estas figuras la acercan a un enigma íntimo. Sin respuestas fáciles, solo el valor de mirar hacia atrás y seguir adelante”, según anticipa el autor.
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“Me interesa cómo la memoria, el amor y la ausencia se entrelazan en la vejez, no como un final, sino como un tiempo de revelaciones. Clara encarna la fortaleza para afrontar lo irresoluble, y a través de ella propongo un viaje donde lo cotidiano se abre a lo poético y lo enigmático”, comenta César, explicando que esos grandes pensadores “aparecen no como explicaciones sino como reflejos de la mente y el alma de Clara, como presencias vivas que dialogan con Clara y con el propio tejido espiritual del film”.
“Cada uno de ellos encarna una dimensión distinta del alma española que atraviesa la película. Becquer representa la poesía, lo invisible, el susurro de lo íntimo y lo sobrenatural. Unamuno es el conflicto, la conciencia desgarrada, la lucha entre la razón y el anhelo de eternidad. Y Ortega y Gasset aporta la lucidez, la mirada filosófica que intenta comprender al hombre en su circunstancia”.
En síntesis, “la película invita al espectador a habitar la ambigüedad, a reconocerse en los silencios y la niebla, y a descubrir que lo esencial puede haber estado siempre oculto, esperando ser visto”.
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La actriz Luz Fernández de Castillo interpreta a Clara.
Detalles y razones
Detalle interesante, la protagonista, y en este caso también coguionista, parece de 75 años, pero en julio próximo ya cumple 91. Se trata de Luz Fernández de Castillo, una mujer de admirable vitalidad, pintora, escritora, galerista, editora, que debutó en cine a los 88, precisamente en otra película de Pablo César, “Después del final”, coprotagonizada por Eleonora Wexler y Héctor Bidonde.
Esa obra les produjo al director y la novel actriz abundantes satisfacciones, con varios premios en diversos festivales internacionales. La buena experiencia los llevó entonces a formar una sociedad, Duende Etxea Cine SL, la casa del duende, en lengua euskera, cuya carta de presentación es este “Romance de la luna negra”, filmado en el Caserío Iruartiz (vecino al Parque Natural Gorbeia) y otros rincones de Álava y Guipuzcoa.
En el reparto, junto a varios españoles, hay otros tres argentinos: Lisandro Carret (actual director del Centro Cultural Argentino en Miami), Alejandro Botto y Diego Farmache. En el equipo técnico hay más, con cartel francés para el director de fotografía Carlos Essmann, que ya va por su séptimo trabajo con César. Como de costumbre, la fotografía es en 35 mm, es decir en fílmico. César siempre ha trabajado en fílmico, desde los cortos de Super-8 que hacía cuando adolescente, a los largometrajes en 35 mm que viene haciendo desde hace ya casi 40 años, incluso cuando ha rodado por la India y diversos países del Africa, desde Túnez y Etiopía para abajo. Hasta el making del “Romance…” se está haciendo en fílmico, en este caso con la nueva cámara que Kodak lanzó al mercado meses atrás, por los 60 años de existencia del Super-8.
Último detalle, pero uno de los más importantes: Duende Etxea Cine SL tiene asiento en San Sebastián, capital de Guipuzcoa, y a los efectos legales es una empresa española. También la película es española, aunque sus dueños y creadores sean argentinos. Y se asienta en el País Vasco, lo que tiene que ver con ciertas raíces familiares “y con el fuerte impulso que hoy la región brinda a la producción audiovisual a través de sus incentivos. Es, en ese sentido, un cruce entre identidad, historia personal y una realidad productiva muy concreta”, concluye el realizador.
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