Mientras se apresta a a reabrir la casa de Victoria Ocampo en Barrio Parque, el Fondo de las Artes inauguró «Autorretratos del otro yo», de Delia Cancela, en su sede de la calle Alsina.
Antes de culminar el año se multiplican las inauguraciones. El Fondo de las Artes, aunque aún no ha resuelto el manoseado tema de la titularidad (a cargo de Carlos Paz desde que renunció Amalia Fortabat), se apresta a reabrir la casa de Victoria Ocampo en la calle Rufino de Elizalde de Barrio Parque. El 23 de noviembre presentará el libro «Monumentos Nacionales» y una «Antología Poética», ambos editados por el organismo. A partir de esa fecha, los fines de semana. Al menos, la estupenda casa de líneas racionalistas permanecerá abierta al público.
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Entretanto, el Fondo (organismo que como se sabe, padeció como pocos la injerencia del gobierno), en su sede de la calle Alsina presentó este año una excelente muestra de Silvana Lacarra, y la semana pasada inauguró «Autorretratos del otro yo», de Delia Cancela. Se trata de una seductora serie pasteles sobre papel que representan flores (lirios agitados por el viento), y cuatro autorretratos que revelan la gracia y el humor de la artista. Cancela, al igual que Eduardo Costa, que le dedica un texto en el cuidado catálogo, es uno de los tantos talentos que partieron cuando llegó el ocaso de los '60.
Pionera del diseño de moda en nuestro país, presentó desfiles en el Di Tella y la Galería del Este y realizó vestuarios para Marilú Marini y Alfredo Arias. Su primera escala fue Nueva York y la segunda Londres, donde en la década del '70 creó la marca de ropa y accesorios «Pablo y Delia», con su marido Pablo Mesejean. Allí realizó tapas para «Vogue» y «Harpers Bazar», y finalmente llegó a París.
Trabajó para Kenzo e Yves Saint Laurent, hasta que hace tres años metió en una valija sus dibujos, sus hilos y muñecas, y regresó a la Argentina. «Aquí está todo por hacer», dijo apenas llegó. A los pocos meses, todas sus obras, que estaban guardadas en un depósito, se destruyeron en un incendio.
En la muestra del Fondo, Cancela demuestra que su notable ingenio y su creatividad no se han extinguido. Allí está, como una diva, con el pelo abultado que define su estilo, guiñándole un ojo al destino y enfrentando la tragedia con una sonrisa.
• Devenir
El tema de la muestra de Marcela Mouján en la galería ASga de Alberto Sendrós, es el tiempo. El año pasado, en el Centro Cultural Recoleta, Mouján había llamado la atención del público con unos árboles de cristal cargados con agua de colores que ascendía y descendía por troncos y ramas como por arte de magia. El encantamiento que provocan las formas transparentes con los coloridos líquidos que suben y bajan, se ha acentuado en esta exposición, con el agregado de las líneas estilizadas de las totoras y de animales de formas sinuosas, como un esbelto flamenco color rosa. Pero además de las resplandecientes figuras, el fluir de los líquidos ha adquirido un ritmo diferente, que pareciera acomodarse a la respiración del espectador, y torna más orgánicos los objetos. La maquinaria, una bomba que impulsa el agua y un reloj que detiene el ascenso hasta que baja por el efecto de la ley de gravedad, está sabiamente insertada en las bases blancas de las esculturas, de modo que en la sala, también blanca, sólo se destacan los destellos del vidrio inundado de a ratos por los verdes y naranjas brillantes. Mouján dice que su obra se inspira en la clepsidra, la antigua máquina para medir el tiempo inventada por los griegos, pero más allá del paso del tiempo, sus objetos de apariencia juguetona tienen una condición metafísica, que habla de la vida del universo, el nacimiento y la muerte, y el perpetuo devenir.
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