10 de mayo 2001 - 00:00

El futuro de la Feria, en debate

El futuro de la Feria, en debate
La Feria del Libro 2001 resultó controvertida. Ninguno de los expositores la consideró un éxito. Pero el abanico de opiniones va desde los que sostienen que «no estuvo mal si se tiene en cuenta la crisis que vive el país» y esperaban que fuera peor, a los que consideran que, desde la perspectiva económica, les resultó un fracaso.

Aun el presidente de la Fundación El Libro, Hugo Levín, es crítico: «Los espacios de La Rural son caros y los servicios (comidas, estacionamiento) además de onerosos no son buenos». Esto hizo que cuando los propietarios de La Rural plantearon el nuevo contrato para la Feria 2002, se postergara la decisión que se convirtió en polémica. Muchos quieren volver a la Sala de Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires, porque «con costos más bajos, aun en las actuales circunstancias, hubiéramos logrado salir hechos, sino con mínimas ganancias».

La polémica diferencia dos sectores que marca el nombre «Exposición-Feria». Por una parte los expositores (editores, distribuidores, y entidades nacionales e internacionales). Para ese grupo «la Feria no estuvo mal, a pesar de todo». Daniel Divinsky, de De la Flor, señala: «Vendimos menos, pero al final quedamos casi hechos y promovimos a nuestros autores». En la coqueta editorial V y R, Lidia María Riba comenta: «Nos fue bien, aunque 95 por ciento de los editores fuimos a pérdida y el que salió hecho es Gardel. Era ingenuo no sospechar que este año se iba a pérdida; de cualquier modo los editores logran prestigio y repercusión con su presencia. A nosotros nos vino muy bien el público juvenil, convirtieron en éxito algunos libros». Para Alejandro Katz, de Fondo de Cultura, «no estar en la Feria, es no estar en el mercado». Al Fondo, que tuvo dos locales, le fue mejor en el de las ofertas, que en el que ofrecía novedades.

En el stand de la distribuidora Riverside se afirma que «terminamos con leve caída, si hubiéramos estados en el viejo predio hasta hubiéramos ganado un poco». Para Maria-no Roca, de Tusquets, «la Feria nos permite exponer nuestro fondo editorial, no venimos a vender y esto nos diferencia de los que les fue mal respecto a sus expectativas; claro, no vienen a exponer, sino a hacer negocio». Roca se refiere al sector más afectado, el de las librerías (Fausto, Prometeo, Yenny, etc.), que tuvieron que enfrentar como nunca la recesión.

Ese grupo tuvo caída en las ventas que llegó a 35 por ciento. «La gente sólo buscaba ofertas, compraba lo que podía, poco: lo que veían barato o un best-seller, uno solo, no como en años anteriores. Hubo más gente, pero no aluviones. En días de semana venían a pasear y la mayo-ría eran colegiales. Así, para nosotros no funciona», comenta molesto el gerente de una cadena de librerías.
Nadie, a diferencia de otros años, quiere calcular la cantidad de gente que visitó la Feria.
«Se puede decir que vino 20 por ciento más y que los días gratis ayudaron», concede Levín, «pero no vamos a inflar las cifras como en años anteriores».

Concluida la Feria el debate se centra en su futuro, en ¿cuánto debe durar? (hay quienes proponen menos días), ¿adónde debe hacerse? (seguir en La Rural, volver al predio anterior, encontrar uno nuevo porque se ha demostrado que el cambio no modifica la concurrencia), ¿debe continuarse con días gratis? (hay quienes están en contra porque durante la entrada libre hubo peores ventas y los que quieren que sea gratuito el ingreso todos los días o a un precio más bajo), ¿cómo conseguir que vengan los escritores extranjeros que prometieron venir? Frente a la ausencia de notables, dejando de lado justificaciones, Hugo Levin se compromete a que «la apertura de la próxima Feria la hará Paul Auster».

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