3 de marzo 2005 - 00:00

"El grito"

Con «El grito», Takashi Shimizu se confirma como un experto en internacionalizar historias de terror clásicas de su país y también en reeditarse a sí mismo, ya que se trata de una remake de uno de sus films.
Con «El grito», Takashi Shimizu se confirma como un experto en internacionalizar historias de terror clásicas de su país y también en reeditarse a sí mismo, ya que se trata de una remake de uno de sus films.
«El grito» (The Grudge, EE.UU.Japón-Alemania, 2004, habl. en inglés y japonés). Dir.: T. Shimizu. Int: S.M. Gellar, J. Behr, C. DuVall, W. Mapother, K. Strickland, B. Pullman, G. Zabriskie.

El secreto de las películas de terror de Takashi Shimizu reside en el sentido común: sus films se basan en historias clásicas del género, muchas veces calcadas de cuentos sobrenaturales de fantasmas, a lo que le agrega elementos o situaciones modernas para que el espectador contemporáneo no tenga inconvenientes en entrar a este universo de pesadilla, que igual que en «La llamada» o «Dark Waters», está siempre a la vuelta de su casa.

Un ejemplo: uno de los momentos más aterradores del cine moderno lo tenemos en esta sólida «El grito» cuando alguien se pone a ver la cinta de seguridad de un edificio de oficinas donde ocurrió algo inexplicable. El espectador casi está tentado de cerrar los ojos con tal de no volver a ver lo que ya sabe que está ahi, y su reiteración sólo vuelve más ominoso e implacable el tipo de horror con el que nos enfrenta el director.

Justamente, Shimizu ya es todo un expertoen la transculturización del terror y sabe cómo exportar e internacionalizar los miedos que surgen de sus relatos.

Lógicamente, los que vieron la versión original de «El grito» que Shimizu filmó en Japón -y que en la Argentina ha circulado casi tan masivamente como la primera versión de «La llamada» antes de distribuirse comercialmente- coincidirán en que la original da más miedo que esta remake filmada también en Japón con producción de Sam Raimi.

Sin embargo, con un film de terror gana el que asusta primero, y no sería muy audaz apostar a que el espectador que vea primero esta versión de «El grito» la considere más aterradora que la original. En ambas hay un magistral estilo narrativo que fragmenta las diferentes manifestaciones de un espectro que merodea por una casa pero que «contagia» a cada persona que tenga la insensatezde meterse donde no la llaman. En el caso de la remake, los occidentales que se pusieorn a merced de semejante fuerza sobrenatural ni siquiera tienen idea de los resortes espectrales de las leyendas niponas, y es en este punto donde la nueva «El grito» ofrece algo tan interesante como una visión ciento por ciento horripilante del choque cultural entre Oriente y Occidente.

En este sentido,
Sarah Michelle Gellar y Bill Pullman son dos grandes puntos de apoyo dentro de un elenco que brinda todo al servicio de un director que sabe como helarle la sangre al público en buena ley.

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