20 de noviembre 2001 - 00:00

"El interés de Hollywood en los hispanos es puro negocio"

Eduardo Noriega
Eduardo Noriega
"Hay un fuerte deseo de reconocimiento por parte de los actores españoles cuando logran ingresar a la industria hollywoodense.Y el interés por el cine español o latino es puro negocio para los norteamericanos, aunque constituye también su manera de aceptar que también hay talento fuera de Estados Unidos. Es muy complicado triunfar allí como lo hacen Penélope Cruz, Javier Bardem o Alejandro Amenábar", dice el español Eduardo Noriega, protagonista junto a Marisa Paredes y Federico Luppi de «El espinazo del diablo», de Guillermo del Toro.
 
Con muestras claras de que aspira a ser uno más de los hispanos que, como
Antonio Banderas y Penélope Cruz, triunfan en Hollywood, Noriega no ignora los pormenores del negocio ni las diferencias entre trabajar para las productoras chicas o para los grandes estudios. Aunque protagonizó, entre otras, «Plata Quemada», de Marcelo Piñeyro, «Abre los ojos» y «Tesis», ambas de Alejandro Amenabar, el actor ambiciona convertirse en engranaje de la industria norteamericana.

«Lo ideal sería llegar ahí para alcanzar la popularidad y luego volver al cine que a uno realmente le interesa y a historias que uno quiere contar. Cuando a un español se le abre el camino, ¿para qué va a seguir haciendo lo que hacen los norteamericanos, que tienen infraestructura y son los mejores en eso? Hagamos algo distinto, más cercano a nuestra idiosincrasia».
 
«El espinazo del diablo», del mismo director que «Mimic» y «Cronos», esta producida conjuntamente por una empresa española («El deseo» de Pedro Almodóvar) y un estudio norteamericano. Tiene la heterogeneidad de un staff cuyo director es de origen mexicano, con productores norteamericanos y españoles. Entre los actores, que son españoles, se cuenta el argentino Federico Luppi.

«Luppi es uno de los grandes de la interpretación internacional, muy admirado en España, brillante y muy respetuoso. Es uno de mis ejemplos, yo lo observo mucho y aprendo de él. Ahora están llegando otros argentinos a España como Solá, Sbaraglia, Echarri que se están abriendo camino. Lo más complicado es el tema del idioma; se les puede permitir dos o tres trabajos pero luego se les exige más. Leo Sbaraglia ha estrenado en España su primer trabajo castellano pero Alterio y Luppi son los consentidos, son tan grandes actores que les perdonamos lo del idioma», comenta Noriega, para quien los actores argentinos se han convertido en talentos requeridos en su propio país.

«El espinazo del diablo» (se estrena el jueves) está ambientada en España, a fines de la década del ´30, durante la guerra civil. Cuenta varias historias: la de Jacinto ( Noriega), que anhela fervientemente vengarse por una infancia tortuosa vivida en un orfanato; la de un chico que es abandonado en ese lugar, donde se encierra una muerte poco clara y la aparición de espectros misteriosos; y la de Carmen ( Marisa Paredes), fundadora del hogar, quien víctima de la guerra ha quedado sola, como el resto de los internados.

«Por ser el mío un personaje tan oscuro puede parecer dura la obligación de cargarse todos los días de ese rollo; sin embargo, la búsqueda la viví con mucho disfrute. Trabajamos el director y yo la figura del «animal herido»: animal, porque basa su poderío en su juventud y en su fuerza, porque no tiene demasiada capacidad para reflexionar y se destaca del resto por su poderío sexual; los otros personajes son niños y dos viejos». Noriega se refiere a Federico Luppi y Marisa Paredes, que mantienen en la ficción una relación peculiar, comprensible sólo con el desenlace.
 
Como
«Los otros», también de un español (Alejandro Amenábar) esta es otra película de fantasmas. Pero a diferencia del film protagonizado por Nicole Kidman, (fue concebido en un primer momento como una película europea pero Tom Cruise propuso financiar una parte, para que su entonces mujer Kidman participara) «El espinazo del diablo» conservó el idioma. De hecho «Los otros» podría competir para el Oscar representando a Estados Unidos.
 
Noriega dijo: «Guillermo del Toro tiene un estilo muy norteamericano en cuanto a los recursos narrativos puestos en el sonido, en la postproducción. Sin embargo, tuvo el poder de mandar en absolutamente todos los departamentos y sabía que no trabajaría al estilo de los grandes estudios. En Hollywood el director ubica la cámara, dice acción y poco más. Cuando directores europeos trabajan para la industria norteamericana apenas toman decisiones sobre la dirección artística. Hay un director de casting, otro de actores. En Estados Unidos está el exponente de cine más comercial, sin embargo no ignoro que el cine es un negocio; si alguien quiere arte, no hace cine. Creo que muchos directores como Pedro Almodóvar o Marcelo Piñeyro no dan ese paso a Hollywood, pudiéndolo dar, por ese modo de trabajo. Ellos prefieren rodar su película y estar encima de todo».

«El cine asiático», agrega Noriega «lleva unos cuantos años de moda, en todos los festivales siempre te topas con alguna película china, o india, o iraní y realmente es otro estilo de cine que está conquistando Occidente; el cine argentino últimamente aparece bastante. Todas son alternativas al cine comercial; para que la industria estadounidense sea lo que es debe existir esa contrapartida. El cine me interesa como reflexión sobre el comportamiento humano, para que haga pensar y no simplemente como pasatiempo. He hecho cosas que no me interesaban demasiado porque recién empezaba y hacía lo que me ofrecían; ahora tengo más ofertas y a la vez más dificultad para elegir».
 
Dicen que hacer cine con chicos o animales es una de las tareas más difíciles. Gran parte de
«El espinazo del diablo» está construida por chicos, con actuaciones de Fernando Tielve (Carlos) e Iñigo Garcés (Jaime). Noriega habló del trabajo con los pequeños actores: «Yo al principio intentaba tener una distancia con ellos, llegaba a la productora y los saludaba de lejos y seriamente, como para impresionarlos y lograr que cuando tuviera que imponerme, me miraran con cierto temor y respeto. Obviamente que al final terminamos a las risotadas con ellos. Es difícil trabajar con niños pero luego es muy agradecido, si el niño está bien, el público entra. Ellos denotan esa mezcla de inocencia y verdad, logran una comunicación directa con el espectador».

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