(15/01/02) «7° Festival Internacional de Jazz en Lapataia». Tres últimas jornadas: T. Thielemans-K. Werner, A. Iaies Trío, B. Green Trío, Jazz Ensamble de Sta. Fe, R. Passos, D. Harrison Quintet, R. Malone Quartet, A. Magnone Quinteto, Ch. Domínguez Flamenco Jazz Sexteto, y P. D'Rivera Quinteto. Invitado: C. Hewitt. (Tambo El Sosiego, Punta del Este, 11/12 y 13/1).
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El festival del jazz de Punta del Este mantiene un nivel que sigue siendo una rareza en el panorama musical latinoamericano. Pero siempre está quien se destaca por sobre el resto. Y si en la primera jornada había sido el trío de Joe Lovano, especialmente cuando se incorporó el pianista Kenny Werner como invitado, en la segunda noche lo mejor fue el dúo de Toots Thielemans y Werner. Con un repertorio que mezcló piezas de los géneros más diversos -desde música de Jobim hasta «Imagine» de John Lennon, pasando por Henry Mancini, Dave Brubeck, Kenny Willer, Django Reinhardt, Bill Evans o Wern er-alcanzaron un grado de poesía que se hizo aún más mágico en el silencio campestre del tambo El Sosiego. Thielemans tiene una historia que lo avala y un sonido inigualable. Prefiere «cantar» las melodías en su mayor grado de pureza para jugar luego con las improvisaciones, aunque siempre con un manejo único de la sutileza. Y en esa empresa, Werner resulta el compañero ideal. Con el piano o con el teclado electrónico, sigue la estética de Thielemans, dialoga musicalmente con él, se adapta a una nostalgia optimisma que siempre se desprende de la música del armoniquista. La magia resurgió en la noche de cierre, cuando tocaron nuevamente, con otro repertorio, tan ecléctico como el de la primera vez.
Esa segunda noche trajo además la presencia de una muy buena orquesta de la provincia de Santa Fe, el trío de tango jazz del también argentino Adrián Iaies, y el trío del pianista norteamericano Benny Green. Junto a Quincy Davis en batería y Bark Mori en contrabajo, lo de Green fue bueno aunque más convencional, y alcanzó buenos momentos con la presencia del guitarrista Russell Malone y Paquito D'Rivera como invitados.
La tercera jornada volvió a presentar a la orquesta santafesina y tuvo una segunda actuación de la brasileña Rosa Passos. Con un set distinto, la cantante recorrió varios clásicos de la bossa nova y algún tema propio, homenajeó a Elis Regina, tuvo alguna «escapada» hacia el funk, e invitó al multifacético Kenny Werner que la acompañó magistralmente en «Desafinado». Después fue el momento del Donald Harrison Quintet, quien dio una actuación muy divertida para el público. Compacto, con despliegues virtuosísticos en varios de sus integrantes (magníficos el baterista John Lampkin, el trombonista Conrad Hewitt y el muy joven trompetista Christian Scott, en una formación que se completa con John Lefcoski en piano y Vicente Archer en contrabajo), lo de Harrison puso a la gente de pie y pidiendo por más. Esa noche se cerró con el cuarteto de jazz y blues de Russell Malone -con Richard Johnson en piano, Richie Goods en contrabajo y E.J. Strickland en batería-que otra vez, tuvo a D'Rivera como un invitado de lujo.
Para la noche de despedida quedaron los conciertos del quinteto del uruguayo Alberto Magnone, la segunda presentación del dúo Thielemans-Werner, y los sets del sexteto de Chano Domínguez y el quinteto de Paquito D'Rivera.
Lo de Domínguez -al frente de un grupo con cante, baile y mucha percusión-enloqueció a la gente. Por el ritmo, por la expresividad del cantaor Blas Córdoba, por el baile muy musical de «Tomasito», por los golpes del percusionista «El Piraña», por los muy buenos arreglos y la conducción del líder. Y a Paquito le tocó, como es costumbre, cerrar el encuentro. Al frente de su quinteto y con invitados como Conrad Hewitt, Russell Malone, Toots Thielemans, Christian Scott, Tomasito, y Piraña, entre otros, D'Rivera pasó del latin al bebop y dio mucho espacio a las composiciones de sus músicos: Diego Urcola, Dario Eskenaki y Hewitt. El emotivo final incluyó un festejo anticipado de los 80 años de Thiele-mans y la presencia sobre el escenario del organizador Francisco Yobino y toda su gente. Terminaba un festival difícil en la realización pero incuestionable en lo artístico.
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