13 de febrero 2006 - 00:00
El Malba, también bullicioso en verano
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Una de las dos inmensas obras de Pablo Siquier que ingresaron en los últimos meses al
Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).
Desde una perspectiva histórica y dependiendo de las políticas institucionales, el mecenazgo argentino ha tenido tantos momentos de gloria como desafortunados. En este caso, los resultados están a la vista: los nombres de Juan y Tiny Cambiaso, Marta Fernández, Delfina Helguera,Alec y Felicitas Oxenford, Luis y Dominique-Parenti, Gabriel Werthein,-Teresa Bulgheroni, Inés y Edmundo Tonconogy, Isabel Corti Maderna, Fernando y Marcela Sánchez Zinny y el galerista Alberto Sendrós, entre otros, demuestran un positivo incremento del afán coleccionista.
Un dato interesante es el aporte empresarial, ya que entre los donantes figura el programa Matching Funds arteBA - Zurich, propuesta estratégica de la aseguradora que consistentedonar fondos a cuatro museos del país, claro, siempre y cuando aporten sumas similares o superiores para adquirir obras durante la feria.
En términos de política cultural la iniciativa merece celebrarse. Antes que nada, porque rompe la mala costumbre de los museos públicos, que en estos últimos años engrosaron sus colecciones gracias a la presión que ejercen sobre los artistas. Lo ideal no es que los artistas sean generosos por obligación, sino que sus obras se vendan.
En la sala del primer piso figuran las obras que ingresaron en 2005 y 2006, y dos inmensas pinturas de Pablo Siquier y la foto de la histórica performance «La familia obrera» de Oscar Bony dominan la entrada. A su lado, una pintura de Daniel Ontiveros le rinde homenaje a Bony y reitera la famosa escena del Di Tella, muestra el grupo familiar que contrató el artista para que posara durante horas y así mostrar «en vivo» el espíritu de su condición social.
Como los objetivos de las adquisiciones del Malba son variados, y van desde « estimular a los artistas emergentes, contribuir al trabajo de aquellos más establecidos», hasta « incorporar referentes de la historia del arte de América Latina», la selección es heterodoxa. El resultado es que los consagrados Luis Camnitzer, Horacio Coppola, Luis Benedit, David Lamelas, Juan Carlos Distéfano, Luis Wells, Kenneth Kemble, Eduardo Stupía, Elba Bairon y Alberto Heredia, comparten el espacio con los jóvenes Beto De Volder, Miguel Mitlag, Marina De Caro, Alejandra Seeber, Dino Bruzzone, Cristina Schiavi, Guillermo Faivovich, Ignacio Iasparra, Marcelo Grosman, Nicolás Robbio y Raúl Flores.
En suma, con este grupo por demás heterogéneo de artistas y lenguajes (fotografías, pinturas, esculturas, dibujos y objetos), reunido con la intención de enriquecer el patrimonio, el Malba supera el mal trago que significó la venta de una pintura irrecuperable de Matta, legitima el arte que compra y, lo más interesante, es que deja entrever el inmenso abanico de posibilidades que hoy se ofrece al coleccionismo argentino.



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