El mar como destino trágico del expatriado

Espectáculos

La exhibición, que resume numerosos casos fatales de migrantes, puede visitarse online en la plataforma del Pabellón de Bellas Artes de la UCA.

¿Quién es el mar?/¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares/de la tierra y es uno y muchos mares/ y abismo y resplandor y azar y viento?/ Quien lo mira lo ve por vez primera,/siempre.”

Este “mar” de Jorge Luis Borges, pleno de preguntas existenciales, no es el de Antonio Briceño (Caracas, 1966), licenciado en biología, con un master en artes digitales en Barcelona en 2015, ciudad en la que vive y alterna con su ciudad natal. A comienzos de 2021 realizó la serie videográfica “El Cruce - Cuando el dolor es más profundo que el océano” que actualmente se exhibe virtualmente en el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA, bajo la curaduría de Ernesto Muñoz, presidente del Capítulo Chileno de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

Esta muestra pretende generar empatía con las miles de víctimas de migraciones forzadas que tratan de huir por el mar y cuyas vidas terminan en ese intento, de allí su título. Un desgarrador relato a través de 6 videos. El artista señala que “la vida se originó en el mar. Lo inaceptable es que permitamos que tantas veces se termine en él”. A través de estos videos de corta duración Briceño logra conmover. Sólo se muestra el mar, se escuchan los sonidos de los motores o los remos de las endebles barcazas, las voces de los niños, las brazadas de nadadores, las luces de las ciudades a las que nunca se llegará.

“33.293” refleja el número de personas que entre 1993 y 2019 no llegaron a la costa. Sólo se muestra el ondulado Mediterráneo. “La Deriva” rememora la salida de 15 cubanos en 1993 desde Cienfuegos (Cuba) en una pequeña embarcación que a los dos días y a causa de un desperfecto estuvo a la deriva durante dos semanas hasta que fue hundida por una ola. Un grupo de pescadores logró salvar a 7 de ellos cerca de Cozumel pero fueron deportados por el gobierno de México. Una cadena de atrocidades y penurias. “Summa cum laude” (El niño de Malí) refiere a que en 2015 un barco pesquero zarpó de las costas de Libia con mil personas del África subsahariana. Un niño de 14 años, que había sido un excelente estudiante, llevaba cosido en su pantalón el boletín de calificaciones, probable credencial para la nueva oportunidad con la que soñaba, pero el barco se hundió. Una vergüenza más en el Mediterráneo Central.

En 2019, una joven de 22 años embarcó en Güiria en un pequeño bote junto a otras jóvenes sacadas ilegalmente de Venezuela hacia Trinidad para ejercer la prostitución. La barca se hundió pero gracias a que había aprendido a nadar, lo hizo durante 8 kilómetros hasta Patos, una isla a la que llegó exhausta junto a otras personas que pudieron salvarse. Ese escape es uno de los más sórdidos sin contar los 5.000.000 de venezolanos que han abandonado el país, el mayor éxodo del mundo contemporáneo. “La búsqueda” es un mensaje esperanzador ya que contra la burocracia, la indolencia, la xenofobia, están aquellos que arriesgan sus vidas para salvar a tantas víctimas. El video está dedicado a los rescatistas y sólo se escucha el tronar de los helicópteros. Antonio Briceño, como lo señala Cecilia Cavanagh, directora del Pabellón de las Bellas Artes, “nos ayuda a ponernos en el lugar de aquellos que lucharon por encontrar un mejor lugar en el mundo, sin lograrlo”.

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