16 de septiembre 1999 - 00:00
"EL MISMO AMOR, LA MISMA LLUVIA"
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Se trata de los últimos veinte años de nuestro país, algo que, lógicamente, incide bastante pero que aquí, por suerte, nunca pasa de telón de fondo y no impone mayores discursos. La película funciona, en primer término, como una come-dia romántica: chico conoce chica, la pierde, etcétera. Sólo que en este caso ya no son tan chicos y, para reencontrarla, el tipo también debe reencontrarse a sí mismo. Y, como él, también otros deben reencontrarse, sincerarse consigo mismos.
No hay héroes ni villanos, sólo gente común o, mejor dicho, con pequeños heroísmos y villanías pequeñas (casi siempre por omisión o estupidez, pero lo mismo duelen). La gente habla un montón -bueno, son argentinos-, pero por suerte nunca aparecen justificaciones o explicaciones declamatorias de ningún tipo.
En cambio, fluyen buenos diálogos, creíbles, reconocibles, nada pesados, que los intérpretes aprovechan debidamente, empezando por Soledad Villamil y Ricardo Darín (las damas primero).
Habitualmente la gente hace una o varias películas en su país y recién después filma en Norteamérica. Juan José Campanella primero filmó en Norteamérica (el pluripremiado «The Boy Who Cried Bitch», varios trabajos galardonados para HBO, etc.) y recién ahora hizo su primera película en el país.
Antes de ir a Norteamérica, estudió aquí con José Martínez Suárez e hizo teatro y cine amateurs. Y antes de volver realizó una coproducción con la Argentina, «Love Walked In», con Deanis Leary, Terence Stamp y Aitana Sánchez-Gijón, sobre la novela de J.P. Feinmann «Ni el tiro del final».



