Michelle Pfeiffer y Paul Rudd en una escena de la olvidable comedia romántica «El novio de mi madre», que marcó el regreso al cine de la bella actriz después de cinco años.
«El novio de mi madre» (I Could Never Be Your Woman, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir. y guión: A. Heckerling. Int.: M. Pfeiffer, P. Rudd, T. Ullman, J. Lovitz, S. Alexander, S. Ronan.
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Antes de «Hairspray» y «Stardust», Michelle Pfeiffer filmó esta película que significó su regreso al cine después de cinco años de ausencia. No fue una buena elección. El inicio, cuando Tracey Ullman habla a cámara en nombre de «la madre Naturaleza», marcando lo que le hacemos los humanos al pobre planeta y, sobre todo, a nosotros mismos para mantenernos jóvenes, es al menos un disparate simpático y permite todavía esperanzarse mínimamente con lo que vendrá. Error.
El film, como expresa el título original, «Nunca podría ser tu mujer», se va a tratar, en realidad de una guionista de sitcoms cuarentona, por momentos más infantil que su sagaz hija prepúber, que se enamora de un aspirante a actor de menos de treinta, con los dimes y diretes del caso.
No bien aparece Rosie, vale decir Pfeiffer tan espléndida como siempre, y todos a su alrededor se refieren a ella llamándola algo así como «la vieja» (excepto la misma Ullman, que por alguna razón se le aparece sólo a ella para decirle también todo tipo de maldades), el espectador empieza ya a no creerse nada. Con 48 años, Pfeiffer da perfectamente los 40 muy bien conservados del personaje, pero por las dudas le pusieron como contrincantes a unas jóvenes (su mal intencionada asistente, una novel actriz de aspecto ya del todo artificial) infinitamente menos atractivas.
A partir de ahí, nada es creíble, pero podría ser gracioso. Para eso el guión, además de las constantes apariciones de Ullman, también previó un ex marido que perpetuamente acaba de salir de alguna cirugía rejuvenecedora, por ejemplo, y muchas líneas de diálogo con alegres chanzas sobre actores y actrices de Hollywood que viven peleando contra la edad. Nada de esto es gracioso. Mucho menos crítico de nada, como era de esperarse luego de escuchar el lamento inicial de la « madre Naturaleza».
Por si hace falta decirlo, todo va a terminar bien, porque en definitiva, Amy Heckerling (autora de zonceras como «Mira quien habla» y su secuela «Mira quien habla también) quería hacer sólo otra comedia romántica más y encontró a una Michelle Pfeiffer dispuesta a demostrar que está tan espléndida como siempre.
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