«El otro lado de la cama» (España, 2003, habl. en español). Dir.: E. Martínez-Lázaro. Guión: D. Serrano. Int.: E. Alterio, P. Vega, N. Verbeke, G. Toledo, M. Esteve, A. San Juan, R. Barea.
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El éxito de esta comedia madrileña en su país de origen (seis millones de espectadores, siete nominaciones a los principales Goya) habrá sorprendido sobre todo a su director, el veterano Emilio Martínez-Lázaro, cuyos anteriores pasatiempos («Lulúde noche», «Amo tu cama rica», por citar los que acá se han visto) nunca movieron multitudes, ni merecen recuerdo. Ni siquiera le recuerdan «Las palabras de Max», ganadora del Oso de Oro en Berlín cuando quería ser un autor serio, hace casi treinta años.
Pero esta vez el hombre alcanzó el estado de gracia, y supo contagiarlo a sus artistas (un elenco excelente) y al público. Antes de seguir, aclaremos: es un estado de gracia chiquito, liviano, de esos que hacen pasar un buen rato y punto. Los mismos españoles han hecho mejores comedias, desde García Berlanga hasta Alex de la Iglesia. Pero resulta que ésta es la más exitosa.
Quizá -sobre todo en estos tiempos-en esa referida liviandad este la clave del suceso. Gozosa liviandad en la expresión de los contenidos: una mirada sobre amores cambiados y amistades traicionadas, pero todo sin pérdidas de sangre, sin mayores sentimientos de culpas ni castigos, y con una feliz reconciliación general, donde cada uno expande su capacidad de amor hacia la pareja del amigo y todos contentos («pero que no se repita»).
Y gozosa liviandad, también, en el armado de la historia: fresca, risueña, cuanto mucho un poquito larga pero llevadera, con unas chicas preciosas, y con un antojo que no molesta demasiado, sino que, por el contrario, cae simpático. Se trata de la aparición, cada tanto, de unos números musicales a cargo de los propios actores, que así van expresando los conflictos o los deseos de sus personajes. Como hicieron Alain Resnais y Woody Allen, en «Conozco la canción» y «Todos dicen te amo», y mucho antes todavía, nuestro Leopoldo Torres Ríos en «El juego del amor y del azar», donde Silvia Legrand y Roberto Airaldi representaban con temas del momento una comedia dos siglos anterior de Pierre de Marivaux.
Los temas que se oyen en «El otro lado de la cama» no son del momento, sino clásicos del pop español de los '80 y '90 (de Los Rodríguez, Kiko Veneno, etc.) que a esta altura tienen hasta un plus de nostalgia. La gente joven se ha criado con ellos, y a veces se ha orientado sentimentalmente con ellos. De ahí el gancho. A los que se agrega, y casi supera, uno más actual de Coque Malla, «No sé qué hacer», cantado por Ernesto Alterio, protagonista perdido entre la rubia Natalia Verbeke y la morocha Paz Vega, a cual más linda. Dicho sea de paso, una muestra los pechos, y la otra los mantiene cubiertos -misterios del rodaje-, pero en cambio muestra, así sea fugazmente, la zona inferior -cinematográfica ley de las compensaciones. Renglón aparte para la graciosa Maria Esteve, única que sabe cantar. P.S.
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