El Premio Década de Arquitectura, a Testa

Espectáculos

El Premio Década fue instaurado en 1999 por el arquitecto español Oscar Tusquets y su Fundación para distinguir las mejores obras de la ciudad de Barcelona, uno de los más importantes ejemplos de transformación y crecimiento en el último decenio. Desde el año 2003 Tusquets ha promovido la realización del premio en Buenos Aires, que otorga la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo. En su última edición fue premiada la obra de Clorindo Testa, Auditorio de la Paz de la comunidad budista japonesa Soka Gakkai Internacional de Argentina.

La arquitectura que hoy se construye es espectacular, por su complejidad formal y constructiva, y responde en la mayoría de los casos a objetivos puntuales de las ciudades que han descubierto que existen oportunidades diferentes para crecer y desarrollarse. Las «excusas», es decir, la invención de un acontecimiento que dé lugar a transformaciones urbanas y la construcción de nuevos edificios que sirvan para crear oportunidades de trabajo a su gente y posicionarlas en el mundo a través de la prensa.

Considerando que una obra sólo puede ser valorada al cabo de un tiempo de construida, el Premio Década se propone reconocer una obra edificada en los últimos diez años, teniendo en cuenta su vigencia y la actualidad del proyecto. El Auditorio de la Paz (1996), está ubicado en Donado esquina Mendoza, junto a la Plaza Zapiola, en el barrio porteño de Belgrano R. «A diez años de distancia, la veo como una obra divertida, porque no hubo condicionantes; nunca discutieron el aspecto del edificio ni tuvieron preconceptos en cuanto a la imagen», declaró Testa.

Una leve rotación axial separa la obra (5.500 m2) tanto de las dos líneas municipales como de la medianera, para crear un jardín ofrecido a la ciudad. El acceso principal está precedido por una plaza seca y coronado por una gran marquesina de acero y cristal. Tres terrazas metálicas sobresalientes posibilitan otro jardín, elevado. Una cubierta abovedada remata el edificio, pintado exteriormente de amarillo, en cuyos muros abundan las aberturas de distintas formas geométricas. El morceau de bravoure, es sin duda, la vasta sala del nivel superior, cuyo escenario contiene el altar tras unos paneles corredizos, de modo de utilizar el local para otros fines. Las formas y los colores de los elementos arquitectónicos y del mobiliario generan un espacio diáfano y de extrema significación.

El jurado unipersonal es un arquitecto español reconocido. En esta última edición fue el catalán Jordi Garcés, quien destacó el hecho de que los vecinos continuaban en sus muros los mismos colores del arquitecto Testa y señaló que la obra es un volumen alegre, nuevo y antiguo a la vez, que logra una integración total sin renunciar a lo propio. En cuanto a la diversidad de temas y dimensiones de las obras concursadas que le presentaron, consideró que «en esta selección de trabajos hay un alto nivel de arquitectura contemporánea, en el sentido de continuidad del Movimiento Moderno, quizá inevitable por el movimiento del mercado y las exigencias del capital, con algunos edificios que, a veces, ensayan el posmoderno, aunque en una mayoría se puede comprobar la continuidad revisada del moderno.»

Insistió en valorar el programa, el lugar y el autor porque la arquitectura para él es un hecho artístico. Sin eludir el cumplimento del código, el presupuesto y el programa, Garcés afirma que si no hay una intuición global no hay arquitectura. Garcés recorrió y analizó todas las obras presentadas. Entre ellas, mencionó la Casa Dresl en el country Highland de Oscar Fuentes y Patricia Rodríguez, a la que calificó como una arquitectura cuidadosamente proyectada en sus trazos y en su calidad material; las Torres de vivienda de Alto Palermo de Manteola-Sánchez Gómez-Santos-Solsona-Sallaberry, por ser «sólidas y ágiles»; el centro Volkswagen de Aslan-Ezcurra planteado en una excelente relación con el entorno natural; de la Torre Intercontinental Plaza de Mario Roberto lvarez y Asociados, destacó su rigor constructivo en altura y en planta; Garcés valoró especialmente la creación de espacios en una buena relación interior-exterior en el Museo Sívori de Pasinato-Laciana-Guerrero-De la Rosa; también resaltó otras obras, como la Caja de Ahorro de Turjanski-Sartori, el Conjunto de la Sociedad Hebraica de Berdichevsky-Cherny; el Centro Operativo Lamadrid de Aja-Espil-Cobelo; el Edificio Mariscal de López-López-Leyt-Yablón; la Torre Panamericana Plaza de Lier-Tonconogy; y el Edificio República de César Pelli.

«La arquitectura necesita del tiempo para su comprobación. Y entonces puede quedarse en tono menor al perder la efervescencia inicial provocada por la moda o la novedad impropia, o que aparezcan, si los tienen, los valores más escondidos, más abstractos, que hacen posible su continuidad, su conexión con la vida de la ciudad, su intemporalidad, convirtiéndose así en auténtica», dijo.

Garcés nació en Barcelona en 1945. Estudió en la Escuela Superior de Arquitectura de esa ciudad, donde luego fue Profesor de Proyectos desde 1975. Trabajó en el estudio de Martorell-Bohigas Mackay y con Ricardo Bofill, los dos grandes estudios catalanes. Doctor en Arquitectura en la Universidad Politécnica de Catalunya en 1987, se hizo cargo de la Cátedra de Proyectos a partir de 1990. Fue Asesor en la Organización de Ponencias y Conferencias del Congreso de la U.I.A. 96, en Barcelona, donde se expuso una gran muestra de arquitectura argentina organizada por el arquitecto Carlos Sallaberry, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo, y el autor de esta nota. Garcés es también Profesor invitado en l École Polytechnique Fédérale de Lausanne (Suiza).

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