13 de marzo 2006 - 00:00
El prolífico Marc Chagall es un mimado del mercado
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Chagall es un mimado del mercado. Su fuerte contenido místico y religioso es un atractivo extraordinario para sus millones de admiradores. Era un «jasidim»(pietistas judios) y sostenía que la cosa mas pequeña de la naturaleza esconde una chispa de fuego místico. Eso se aprecia en los 240 metros cuadrados que pintó en la Opera de Paris en 1965 y que sirvió de antecedente para la maravilla que realizó al año siguiente en el Teatro Colón el recordado Raúl Soldi.
Otra característica de importancia es la personalidad de Chagall es que no se dejó influenciar por la cantidad de movimientos que surgieron en su larga vida (vivió 98 años). Su obra siempre ha tenido una coherencia y personalidad únicas, quizás porque pintó con el corazón.
Sus obras más bellas se pueden ver en Nueva York, en el Museo Guggenheim, que debe ser el edificio más extraordinario para contemplar las obras de arte. Allí también se pueden ver algunos maravillosos Picasso que fueron expuestos en Buenos Aires en 1936 sin que a nadie le interesara comprarlos.
Además de los grabados, las témperas y gouaches son también muy buscadas por los coleccionistas que, en muchos casos, sienten que tener un Chagall no debe ser una asignatura pendiente.


