2 de junio 2024 - 12:19

El reencuentro de un padre y un hijo en un país que duele

Diálogo con Paulo Brunetti y Osvaldo Santoro, protagonistas de "La lluvia seguirá cayendo", de Oscar Barney Finn y Marcelo Zapata, con dirección del primero, que se verá desde el miércoles en Beckett Teatro

Paulo Brunetti y Osvaldo Santoro, protagonistas de La lluvia seguirá cayendo, que se estrena el miércoles en Beckett Teatro.

Paulo Brunetti y Osvaldo Santoro, protagonistas de "La lluvia seguirá cayendo", que se estrena el miércoles en Beckett Teatro.

La escena es la misma, pero el tiempo se ha cobrado la cuenta. La acción transcurre en el taller de un pintor, un enorme atelier en un viejo caserón, ubicado en un barrio donde antes, por la noche, se oía el murmullo de los grillos, pero ahora resuenan disparos y sirenas de policía. Como en tantos otros barrios, veinte o un poco más de años después, en un país que - parafraseando a Borges - duele en todo el cuerpo.

El pintor es el padre, un artista que soñaba con marcharse, mientras su hijo, que también se proponía una carrera en el arte, trataba de convencerlo de que se quedara. Pero pronto llegaron el 2001, los cacerolazos, el “que se vayan todos”, la pérdida de fe, la desesperación, y quien se terminó yendo fue el hijo, y quien se quedó fue el padre.

En “Lejana tierra mía”, la obra de Eduardo Rovner (1942-2019), ambos tenían el futuro por delante. Todavía no había sobrevenido la crisis, pero se avizoraba. El reencuentro, con tanto pasado sobre sus espaldas, ocurrirá desde este miércoles en “La lluvia seguirá cayendo”, de Oscar Barney Finn y Marcelo Zapata, que vuelve a esos personajes. Los actores son los mismos de entonces: Paulo Brunetti, el hijo, y Osvaldo Santoro, el padre. La puesta en escena, también como en “Lejana tierra mía”, es de Barney Finn.

“Nuestro encuentro para esta obra fue en el 2001”, cuenta Santoro a este diario. “Es un país que nos habituó a las crisis; y tanto para aquella obra, como para ésta, la crisis es el marco, más allá de las preocupaciones sociales diferentes entre un momento y el otro”. “Lo interesante es que mi personaje en esta obra”, señala Brunetti “tiene la misma edad que tenía el padre en la anterior”.

Ambos reconocen el deseo que siempre tuvieron no sólo por volver a trabajar juntos, sino por recobrar esos personajes, saber qué fue de ellos. “Mi encuentro con Paulo fue hermoso”, sigue Santoro. “Hicimos una versión que, si bien en un 90% era la de Rovner, el otro 10% se le debe a lo que introdujo Barney Finn, sus cambios, sus sugerencias. Y salió una obra que nos dejó marcados: estuvimos tres años en cartel, en El Andamio; tuvimos muy buenas críticas, hicimos giras. Fue muy importante en nuestras vidas, al punto de que en pandemia hicimos una versión leída, que tuvo alta repercusión.”

Barney Finn siempre buscó obras para que nos reencontráramos como actores, pero por distintos motivos eso se iba postergando —sigue Brunetti—; yo no sé si fue esta nueva crisis la que despertó no sólo en Barney, sino en Marcelo Zapata (quien el año pasado ya trabajó con él en el libro de “Brutus”), la posibilidad de imaginar y escribir el reencuentro entre este padre y este hijo, y también en el de nosotros dos como actores. Esta obra no sería la misma si en vez de Osvaldo estuviese otro actor, o si mi papel lo hiciera otro.”

“En ‘Lejana tierra mía’ —prosigue—, se estableció una relación paterno-filial entre nosotros; yo tengo similitudes con su hijo y él con mi padre. Y durante estos veintitrés años de amistad la relación se afianzó más, aunque por supuesto no tenga que ver con la que tienen en la ficción estos personajes.”

“Ese tiempo fue de cambios —acota Santoro—, incluye una trayectoria de los dos por caminos distintos, un crecimiento en diversos ámbitos, cine, teatro, televisión; y ahora, en el reencuentro, tenemos que luchar para que no reaparezca la relación anterior en la obra, porque ya no es la misma. Son los mismos personajes, sí, pero con una vida transcurrida y numerosos cambios, sorpresas. Esas revelaciones se producen durante la obra y son recíprocas, eso le da a la dramaturgia una característica interesante, emotiva y a la vez reflexiva.”

¿Imaginaban, cuando representaban “Lejana tierra mía”, que esos personajes tendrían un futuro en escena? “Lo que imaginábamos era la película, que Barney podría haber dirigido, y que era una buena posibilidad”, responde Brunetti. “Cuando uno tiene una buena experiencia teatral”, sigue Santoro “siempre conserva el deseo de recuperarla. De manera que este regreso es una excelente forma de cumplir ese deseo. El hijo vuelve, después de tantos años, y se abre un nuevo conflicto”.

“No voy a adelantar detalles del argumento —señala Brunetti— pero una cosa es volver porque se quiere hacerlo, y otra hacerlo por una necesidad concreta, que es lo que pasa en la obra. Lo que les ocurre a los personajes se acerca mucho a lo que pensábamos que podía ser el futuro de ellos. Hacía mucho que yo no ensayaba una obra con tantas ganas porque, repito, hay una relación con Osvaldo muy afianzada, queríamos volver a encontrarnos.”

La función social

La profesión del actor tiene una función social importante —acota Santoro—. Y cuando uno encuentra la obra indicada, ya sea un clásico, que siempre son vigentes, o una obra contemporánea, que puede dar cuenta de lo que está sucediendo en el tiempo actual, esa función se cumple, y el público lo agradece. Esta obra que estamos por estrenar también me satisface en ese aspecto que tiene que ver con lo social. Estoy seguro de que muchos se identificarán con mi personaje: los sueños no cumplidos, o cumplidos a medias; las dificultades del país, la falta de valoración. Todo eso está presente”.

Brunetti agrega “Me gusta lo que se le dice al público: ‘Si tenés un padre, o un hijo, hablá con él. No pierdas el tiempo porque después es demasiado tarde. De ‘Lejana tierra mía’, Nina Cortese [la recordada crítica de teatro que escribía sus columnas en Ambito Financiero] dijo: ‘Es un abrazo, una palmada en el hombro, una bienvenida palabra de aliento’. Y creo que ‘La lluvia seguirá cayendo’ va por el mismo camino. Lo esperanzador es que después de tanto tiempo vuelvan a hablarse, se digan las cosas que tenían calladas”.

“Exacto —agrega Santoro—, porque más allá de lo que ocurre entre ellos, que no vamos a anticipar, lo importante es que el encuentro se produce. Hay una esperanza. Además, me permito decir algo totalmente personal: estoy regresando al teatro después de superar un tumor en las cuerdas vocales. Yo creí que mi carrera se terminaba. Por eso, la alegría de retornar con Paulo, con Oscar, y ahora con Marcelo, es enorme. Es más: yo no sé si hubiese podido regresar con otra obra. Con este equipo hay un peso afectivo muy grande y de mucho tiempo. Aquí no fue necesario el proceso que debe transitarse con un elenco nuevo, que es la adaptación.”

Así como padre e hijo cambiaron tanto en estos años, ¿cómo cambió el público? “¡Cambiaron tantas cosas! Cuando hicimos la primera obra no existían las redes sociales; había celulares, los primeros, pero no se vivía pegado a ellos; nadie se mandaba whatsapps”, reflexiona Santoro. “Ese es el mundo que trae a escena el hijo, que trabaja con la Inteligencia Artificial, ese prodigio de la técnica que al mismo tiempo nos puede dejar sin trabajo a todos.”

“Pero para ir al tema del público —agrega Brunetti—, lo que ocurría antes era que los padres se sentían identificados con el personaje del padre, y los hijos con el mío. Pero hoy, esta obra plantea dos personajes con edades paternales, y enfrentados entre sí: eso, seguramente, dividirá las identificaciones. También yo voy a agregar algo personal, que tiene que ver con mi personaje. Tanto él como yo ya no vivimos en el país, vemos las crisis en la Argentina de una manera diferente. Y eso también tiene un peso fuerte para mí”

“Y quisiera destacar —continúa Brunetti— que cualquier espectador puede ver esta obra, es decir, que no hace falta haber visto ‘Lejana tierra mía’ para comprenderla. Posiblemente despierte en más de uno la curiosidad por acercarse al texto de la obra inicial. Y creo que muchos de quienes vieron la obra anterior correrán a ver ésta: tengo muchos amigos, actores, directores, que me vieron por primera vez ahí. Para mí ‘Lejana tierra mía’ fue una bisagra: convocado por Barney Finn, después de estar en ‘Madame Mao’, era la primera vez que me subía a un escenario para hacer un coprotagónico con un actor de la trayectoria de Osvaldo. Fue una obra movilizadora, y en cualquier lugar donde la hicimos.”

La escenografía de “La lluvia seguirá cayendo” cuenta con pinturas originales del artista plástico Carlos Gómez Centurión (algunas preexistentes y otras hechas específicamente); tiene producción ejecutiva de Tomás Heck, el auspicio de la familia Cabrales, y subirá a escena el miércoles 5 a las 20 en el Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556).

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