Adiferencia de la mayoría de los integrantes del grupo de Buena Vista Social Club, el cantante y guitarrista Elíades Ochoa estaba en actividad cuando fue convocado para sumarse al proyecto. Claro que, a partir del film, sus conciertos se multiplicaron, sobre todo en el exterior, donde esta música comenzó a ser también reconsiderada por públicos que hasta entonces preferían otros géneros.
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Integrante además del grupo de artistas santiagueros que suelen circular por la Casa de la Trova, aprovechando esa fama accesoria y fiel a su historia con la música tradicional de su país, Ochoa decidió hacer un homenaje al Cuarteto Patria, una formación legendaria ya desaparecida. Convocó a un grupo de músicos jóvenes, grabó un álbum y salió a presentarlo por el mundo. Por cierto, la mayor virtud de este músico está en la interpretación que propone de temas muy populares, como «Qué sabroseao», «Píntate los labios María», «Sublime ilusión», «Son de la loma», «El cuarto de Tula», «Saludo Compay» o «Lágrimas negras».
Y hasta se atreve con una olvidable versión abolerada del tango «Volver». Con escasas excepciones, el mayor mérito de estas canciones no está en las letras, ni siquiera en la base de su música. Como música pensada fundamentalmente para el baile (puesta sobre un escenario siempre pierde algo de interés), el punto central está en el ritmo.
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