21 de marzo 2001 - 00:00

"El vacío educativo nos está alejando de la música clásica"

Kurt Masur.
Kurt Masur.
Nueva York - (20/03/2001) «Para mí es realmente emocionante volver a Sudamérica, donde he estado tantas veces. En Brasil he conocido, además, a mi esposa. Allí siempre he encontrado públicos muy preparados y muy atentos a nuestro trabajo.» Así se expresó, en un inglés que deja traslucir claramente su origen alemán, Kurt Masur, en el comienzo de una entrevista exclusiva con Ambito Financiero, uno de los escasos medios latinoamericanos presentes en ese encuentro.


Periodista: ¿Por qué se retira del cargo de maestro musical de la Filarmónica de Nueva York?

Kurt Masur
: Esa es una decisión que toma periódicamente la junta directiva de la orquesta. Yo he estado al frente de la orquesta por 11 años y ha sido sin dudas una de las experiencias más importantes de mi vida. Ellos consideran que ha llegado el momento de un cambio, y me parece una decisión saludable.

P.: Usted ya se ha hecho cargo de la London Philharmonic y desde el año próximo estará también al frente de la Orchestre National de France. Pero, además, tiene una vasta experiencia dirigiendo orquestas de todo el mundo. ¿Cuáles son las diferencias que encuentra en dirigir una orquesta americana y una europea?


K.M.:
No podría hablar de un estilo particular de las orquestas europeas o americanas. Cada orquesta tiene su estilo particular. Por ejemplo, las orquestas inglesas son en general muy sofisticadas, muy educadas. En las orquestas francesas hay más fantasía. Y a su vez éstas son distintas de las orquestas rusas o checas. Yo tengo una larga experiencia con orquestas de todo el mundo y no me atrevo de hablar de una diferencia clara entre las europeas y las americanas, no hay un patrón general que las distinga. Porque también tienen particularidades las orquestas americanas; y se lo puedo decir porque he dirigido muchas de ellas. Inclusive depende del repertorio que se encare. Para mí, enfrentarme con una nueva orquesta es siempre una experiencia fascinante. Me gusta escucharla, conocer sus particularidades y, a partir de eso, armar el repertorio, explotar esas posibilidades al máximo y corregir aquello que me parece que debe ser corregido.

P.: ¿A cuál de todas las muchas orquestas que dirigió recuerda especialmente?


K.M.:
Recuerdo a la Chicago Symphony interpretando a Shostakovich o a la de Cleveland haciendo la «Sinfonía Nº 9» de Mahler. Para mi sorpresa, por ejemplo, la orquesta de Filadelfia hacía un excelente Mozart, siendo que se la tiene catalogada como especializada en la música romántica. Con la Leipzig Gewandhaus resultó muy bueno todo lo que tiene que ver con el repertorio alemán tradicional -Schumann, Beethoven, Bruckner, Mahler-. De todos modos, creo que es justo decir que en este momento la New York Philharmonic es la orquesta más importante del mundo.

P.: ¿Cuál es la principal virtud de la orquesta?


K.M.:
Diría que lo que caracteriza a esta orquesta es que no tiene una especialidad. Es capaz de adaptarse con toda naturalidad a los estilos de cada director y de cada compositor. Por eso, pueden encararse con igual solvencia una obra de Bruckner, o de Brahms, como una del repertorio moderno. Pueden tocar Tchaikovsky como una orquesta rusa, Mozart como una orquesta alemana; y son maravillosos haciendo Bach.

P.: Cambio de tema. ¿Por qué, según su opinión, la música del siglo XX no ha tenido la misma receptividad de las audiencias contemporáneas de la música de los siglos anteriores?


K.M.:
Pienso que es un problema de educación. Es necesario que la gente tenga formación para que pueda recibir los repertorios más nuevos. Creo que ha sido el gran vacío que dejó la educación en el siglo XX, ya desde la escuela. Le doy algunos ejemplos. En Asia, especialmente en Japón e inclusive en Taiwán, tienen audiencias muy bien educadas y en consecuencia tienen una mayor apertura para recibir no sólo los repertorios tradicionales de los siglos XVIII o XIX.

A mí realmente me sorprendió. En Europa o en América, en cambio, la gente joven en general está concentrada en otras cosas y ha abandonado el placer por la música clásica; sólo se entusiasman con las estrellas de rock. No han tenido la educación necesaria. En todo el mundo, la clase media está muriendo y se está dividiendo entre pobres y ricos. Y con esa desaparición de la clase media está desapareciendo también la educación, que era una de sus principales preocupaciones. No podemos esperar que la gente joven se interese por esta música si tampoco lee un libro.

Así es que están todo el tiempo con el rock & roll y el dancing. Eso tiene más que ver con el entretenimiento y con un sentimiento más volcado hacia lo rítmico. Me parece muy bien, en cambio, que se estimule y se conozca la música de cada país, como sucede por ejemplo en Brasil con el samba, o en Argentina con el tango.

P.: ¿A usted le gusta dirigir música más moderna?


K.M.:
Sí, por supuesto. Porque presenta nuevas dificultades, porque permite renovar el lenguaje. Déjeme insistir con el tema de la educación; creo que allí está la clave.

P.: ¿Por dónde cree que pasará el futuro de la música clásica? ¿Por la electrónica, por los «crossovers», por las nuevas fusiones con lo que llaman en Estados Unidos «world music»?


K.M.:
Veo que se está trabajando mucho en «crossovers» con músicas populares y tradicionales de distintos lugares del mundo. Y esto será seguramente muy diferente entre un país y otro, porque el basamento musical de cada compositor será bien distinto dependiendo del lugar donde haya nacido y se haya criado y educado. Creo que tenemos que estar abiertos a escuchar toda la música y tomar de ella lo que nos resulte más interesante. Claro que en esa lista debería estar, también, toda la tradición de la música clásica y todo lo que ha sucedido en el siglo XX.

P.: ¿Conoce el tango?

K.M.:
Lo conozco y lo amo profundamente. Además, hasta me atrevo a bailarlo. Por supuesto, no soy un especialista, pero igualmente lo hago. Y disfruto mucho de escucharlo en la Argentina, que es una experiencia bien distinta de escucharlo en Europa. Me fascina esa música, porque deja ver el espíritu de la gente, es puro fuego. Y deseo que la Argentina pueda mantener esa tradición musical por mucho tiempo.

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