«De 1919», de T. Istillarte, R. Bruza y D. Dickinson. Dir.: R. Bruza. Esc.: M. Pascullo. Mús.: R. Belgradi. Int.: T. Istillarte. (El Excéntrico de la 18.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La ductilidad de Teresa Istillarte es el soporte de «De 1919», pieza surgida de una tarea de búsqueda en la que también intervinieron Rafael Bruza y David Dickinson. La actriz cuenta una historia simple y evanescente, encarnando distintos personajes. Es la historia de una mujer como tantas, que acepta serenamente los sinsabores y disfruta con toda el alma de los sencillos goces que le brinda la existencia cotidiana.
Como otros espectáculos del mismo tenor, su valor radica en el hecho de que la realidad está observada con gentileza, profundizando en hechos aparentemente insignificantes que, sin embargo, parecen iluminados por la mirada comprensiva que se arroja sobre ellos.
Las estrecheces, las preocupaciones por los hijos, el amor, la admiración con que la mujer contempla el modesto escenario de una fiesta pueblerina que para ella es como una explosión de fantasía, todo está teñido de respeto y mansedumbre, y por ello surge de su relato una poesía humilde que en ningún momento roza la sensiblería. Rafael Bruza ha dirigido a la actriz con mano segura. Se nota el entendimiento tácito que existe entre ellos, fruto del trabajo en común que ambos realizaron en prestigiosos grupos de Santa Fe. Teresa Istillarte muestra en su trabajo un seguro dominio de oficio, pero éste queda de lado porque ella lo utiliza sólo como herramienta que le permite expresar todos los matices de un alma sencilla, capaz, sin embargo, de trascender la vulgaridad de la vida por la intensidad de su mirada.
El personaje, sin proponérselo, es un testimonio de quienes aceptan la vida como un regalo, encontrando en ella el sentido profundo de la existencia, sin rebeldía y sin cuestionamientos. Por ello, tal vez, el miedo no lo perturba en ningún momento, y el trabajo lo sostiene dándole valor y dignidad.
La sencilla escenografía de Mario Pascullo, la precisa iluminación de Miguel Novello y el adecuado vestuario de Clide Eliche resaltan el trabajo de la actriz, lo mismo que la música compuesta por Roberto Belgradi.
Dejá tu comentario