27 de febrero 2006 - 00:00

El videoarte se expande como expresión del siglo

Las nuevas tecnologías favorecen la circulación de las obras de arte, al menos, de las realizadas en soportes cibernéticos. Un buen ejemplo es el video «The Song I Love To» del joven artista italo-argentino Sebastiano Mauri, realizado en 2005, y que se exhibe hoy en la nueva VVVGallery de Madrid, se puede ver en Braga Menéndez de Buenos Aires y ya se mostró en Roma, Milán, Nueva York, Bellinzona (Suiza) y Guayaquil.

Cabe aclarar, sin embargo, que a la inmediatez cibernética se suma la indispensable determinación del artista, quien en vez de limitar las copias para elevar el costo de la obra, decidió hacer una serie ilimitada y accesible. El nuevo mercado del videoarte es similar al de la fotografía, y mientras los videos con copias estrictamente numerados de artistas como Charlie Nijenshon o Liliana Porter se venden por alrededor de 20.000 dólares, «The Song I Love To» cuesta 200.

La obra parte de una idea sencilla: filmar alrededor de 90 personas durante un minuto con la premisa de mirar a la cámara mientras escuchan su canción favorita. Se trata de gente de todas las edades, razas y condiciones sociales, mayormente encontradas por Mauri en las calles de Milán, Nueva York y Buenos Aires, ciudades donde reside, además de un campo bonaerense. El resultado es que a la simplicidad del concepto se contrapone la complejidad humana. Lejos de parecerse a los álbumes del siglo XIX que mostraban las diversas tipologías del hombre, la filmación tiene un hilo conductor: un olvidado y genuino amor e interés por el prójimo que convierte a cada personaje en un icono sentimental.

El propósito de mostrar la sensibilidad humana y abarcar en alrededor de 90 retratos la fragmentada y en ocasiones violenta sociedad actual, donde se cruzan culturas, criterios y valores diferentes, podría parecer tan ambicioso como ingenuo. Pero si bien es cierto que el mundo ya no tiene la medida del hombre, la mirada humanista de Mauri encuentra un universo posible. El «truco» de la canción puede haberle servido para bajar las barreras que impone la cámara y persuadir a la gente para que entregue su sentimiento, pero su secreto consiste en la relación de intimidad que establece con el sujeto retratado.

Más allá de revelar sus códigos de pertenencia al grupo con sus gestos o su atuendo, los personajes se tornan vulnerables.En este sentido, la fragilidadinfantil queda más expuestaque la de los adultos, y le permite al artista capturar su ternura. De este modo, el espectador percibe con claridad la dulzura que fluye entre el sujeto que mira detrás de la cámara y el retratado.

La mayor intensidad la deparan los púberes y adolescentes con su erotismo latente, una mujer que en la plenitud de la vida abre sus brazos y expresa sin prejuicios su deseo, y una madre con su hijo en brazos, una clásica «maternidad» donde se encarna la felicidad perfecta. Entre estos retazos de vida queda a la vista el delirio de un pandillero neoyorquino, la vejez redimida de una mujer que sonríe con un tango de Gardel, o el control que ejerce sobre sí mismo un experimentado jamaiquino. Pero por encima de todo, se advierte el modo confiado o torturado de estar en el mundo, y la infinita capacidad -o el anhelo- de comunicación de quienes, seducidos por la cámara de Mauri, se exhiben sin pudor, con verdadero placer.

La obra resulta didáctica en varios sentidos. En primer lugar porque
Mauri, al igual que el vanguardista ruso Malevich, quien sostenía que «las cosas que no son bellas, tratadas artísticamente se vuelven bellas», sabe poner en valor el encanto de sus disímiles personajes. En segundo lugar, porque además de educar la mirada para descubrir la psicología de los retratados, el video demuestra el grado de afecto que es posible establecer con la gente en apenas un minuto.

En suma, con un oficio que le permite expresarse con soltura y el valor de salir a la calle con el corazón abierto,
Mauri estrena una nueva mirada y emite un mensaje alentador. El lema del gran humanista Leonardo, «Saper vedere» («saber mirar»), continúa vigente.

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