28 de febrero 2002 - 00:00

"El zoo de cristal" pone prueba a zanca directora

Alicia Zanca
Alicia Zanca
El 14 de marzo, Alicia Zanca hará su debut como directora con «El zoo de cristal», una de las piezas más logradas de Tennessee Williams, que desde su exitoso debut en el año 1944 nunca ha dejado de representarse.

Marcada por elementos autobiográficos y dueña de un encendido lirismo, la obra está construida a base de los recuerdos de Tom (joven alter ego de Williams) en los que se destaca la fuerte presencia de su madre, una ex belleza sureña, siempre nostálgica de su pasado, y su hermana Laura, un ser de extrema sensibilidad, incapaz de satisfacer la constante demanda materna de conseguir un candidato.

La versión que se conocerá en el Teatro Regio (Av. Córdoba 6056) tiene por protagonistas a Claudia Lapacó, Laura Novoa, Claudio Quinteros y Facundo Ramírez. Cuenta con escenografía y vestuario de Jorge Ferrari, iluminación de Gonzalo Córdova y música en vivo del talentoso compositor y músico de jazz Ernesto Jodos. Dialogamos con la directora:

Periodista: ¿Qué la decidió a dirigir esta obra?


Alicia Zanca
: La empecé a trabajar hace muchos años, cuando asistía a los cursos de Agustín Alezzo. Es una obra que está presente en todos los talleres de actuación, sobre todo el monólogo de Tom, que es tan interesante para trabajar que lo hacen hombres y mujeres. Dirigir a Tennessee Williams es un viejo sueño, pero recién me atreví a hacerlo ahora luego de haber estudiado dirección durante cinco años con Augusto Fernandes. La decisión de dirigir «El zoo de cristal» fue mía, pero ya hacía varios años que Laura Novoa insistía en que la dirigiera en alguna obra y felizmente le pude decir que sí.

P.: ¿Es su obra preferida?

A.Z.: No, también me gusta mucho «Un tranvía llamado deseo», pero sentí que tenía que dirigir ésta porque es una obra que habla mucho de la diferencia y yo sé de eso. No lo digo sólo por mi experiencia personal, sino también como actriz y creadora. Pensemos en Laura, aún con todas sus dificultades es un ser especial y único. Cuando a su unicornio de cristal se le rompe el cuerno que lleva en la frente, ella se lamenta: «ahora va a ser como los demás». Williams ha dicho muchas veces que amaba su hermana por lo que tenía de sensible y creativo. La consideraba una pieza única dentro de una sociedad que estaba movida por otros intereses. El insiste en que la mejor parte de su vida tuvo que ver con su infancia, con su hermana y con los juegos creativos que compartieron y además confiesa que ella fue el amor de su vida. Incluso fueron enterrados en la misma tumba con la frase: «En la memoria todo parece acontecer con música». Todo esto se refleja en la obra pero a través de un enorme lirismo completamente alejado de la interpretación naturalista que le dieron muchos directores norteamericanos. Hace poco vi la película que dirigió Paul Newman y me pareció muy poco profunda y hasta aburrida. Creo que no supo comprender el rico universo de Williams.

Visión

P.: ¿Cuál es su visión del opresivo ambiente familiar que plantea la obra?

A.Z.:
En primer lugar atendí a lo dice el autor: «esta no es una obra realista, es una obra de la memoria». Ninguno de los tres personajes puede con esta época y cada uno a su manera se refugia en el pasado. Recordemos que la hermana de Williams sufre una lobotomía, la madre termina internada y él también tiene alguna que otra internación psiquiátrica, pero es el único que logra sobrevivir a través de su arte. En la obra, Tom es el único que puede despegar, pero también me pareció importante no hacer de Amanda (la madre) una malvada o un personaje melancólico, cuando el propio Williams indica que es una estúpida, a pesar de ella. El la define como una persona no deliberadamente mala, sino con ese grado de estupidez inconsciente que en el fondo es igual en todas las madres. Todas tenemos obsesiones con nuestros hijos y somos capaces de ir a taparlos en pleno verano. El frío que sentimos se lo trasladamos a ellos. Amanda está muy ocupada con sus obsesiones como para entender lo que les sucede a sus hijos. El marido la abandonó, el hijo está a punto de irse -lo sabe porque encontró una carta de la marina mercante-y prefiere soñar con aquellos candidatos de su juventud que ver la realidad. Tampoco reconoce la imposibilidad de su hija y se obsesiona con que se case y ahí se equivoca, porque termina convirtiendo la visita del amigo de Tom en toda una promesa de casamiento.

P.: Pasemos a su labor actoral. Usted es la actriz dilecta de Laura Yusem, trabajó con ella en obras de Mauricio Kartún, Griselda Gambaro y el año pasado en «Los pequeños burgueses» de Máximo Gorki ¿Qué le reporta esta asociación?


A.Z.:
Me ha servido de mucho, incluso para mi formación como directora. Por suerte este año volvemos a trabajar juntas, Laura va a dirigir la última obra de Gambaro, «Lo que va dictando el sueño», que según creo se va a estrenar en julio en el Teatro San Martín. Ahora, respondiendo puntualmente a su pregunta, yo siempre digo que no me fui del país por Kartún, Gambaro y Laura Yusem. Mientras ellos me sigan acercando esos magníficos materiales ¿qué voy a ir a buscar yo afuera?

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