Hay en el espectáculo abundantes guiños religiosos y la belleza de las imágenes prevalece sobre todo lo demás, como también la musicalización acertadísima de Todo es como un magma en el que es difícil seguir la psicología de los personajes, aunque la imagen del anciano prevalece, así como su vinculación con el niño, como los dos extremos de una verdad interrumpida por acontecimientos casuales, que no logra arraigarse. Tal vez porque la vida los impulsa a permanentes adaptaciones que los apartan del camino verdadero y los vuelven extraños a sí mismos.
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