17 de enero 2002 - 00:00
"En el off también puede haber humor y diversión"
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Sebastián Borensztein
Periodista: ¿Piensa dedicarse a la producción teatral?
P.: «¿Quién cocinó la Ultima Cena?» narra las últimas horas de Jesús en la Tierra, mientras que en «Dibujitos desanimados» un ex convicto y un travesti tratan de mejorar sus vidas como empleados de un parque de diversiones. ¿Qué particularidades tienen estas obras?
S.B.: Son muy entretenidas. Ambas poseen algo que a mí me gusta mucho desde el punto de vista de la escritura y es que tienen un cuento muy redondo y reconocible. No es un teatro abstracto como puede imaginar la gente que es el teatro off: con gritos, luces y juegos de imagen. Nada de eso, son dos historias con un buen guión y mucho humor.
P.: ¿Usted acostumbra ir al teatro?
S.B.: Sí, me encanta.
P.: ¿Qué obras le llamaron la atención últimamente?
S.B.: Una fue «1500 metros sobre el nivel de Jack» de Federico León, también «Venecia» me gustó muchísimo y varias obras que vi en el San Martín como «Oleanna» con Carolina Fal y Gerardo Romano, «Casa de muñecas» de Ibsen y «Amanda y Eduardo» de Discépolo con una actuación impresionante de Marita Ballesteros.
S.B.: Sí, hace unos años lo descubrí a Luis Machín en «El pecado que no se puede nombrar» de Ricardo Bartís y me dije: «Hay que trabajar con este actor» así que lo contratamos para «Tiempo Final».
P.:A su productora le ha ido muy bien en televisión ¿no le parece algo suicida
dedicarse al teatro en este momento?
S.B.: Creo que una de los mejores cosas que están pasando culturalmente en el país son el teatro alternativo y la plástica. En esas dos disciplinas, la Argentina sigue mostrando un enorme talento.
P.: ¿Cómo le está yendo en España?
S.B.: Muy bien. Ya están por lanzar «Tiempo Final», que allí se llamará «Desenlace».
P.: Usted contó hace poco que los españoles le cambiaron el isotipo de promoción del
programa porque las hormigas les daban asco. ¿Hicieron lo mismo con los guiones?
S.B.: Lo que hicieron fue adaptar el lenguaje a sus giros y modismos locales o estirar un poco la duración de algunos programas, pese a mi negativa. Pero ellos adujeron razones relacionadas con la grilla de programación.
P.: ¿No le objetaron ningún tema?
S.B.: No, a lo sumo si un tema no se termina de entender ese guión no se graba como sucedió con un capítulo que transcurría en el consultorio de una psicóloga (acá lo hizo Inés Estevez). Directamente no se grabó porque allá no existe el ir a psicoanalizarse. Para ellos ir al psicólogo es sinónimo de tener un problema gravísimo de esos que exigen medicación y un psiquiatra.
P.: También tiene en camino un largometraje ¿Se va a llamar «El buzo» finalmente?
S.B.: No, no se va a llamar así, pero por cábala no quiero dar el título. Es una coproducción con España, tiene por protagonista a Leo Sbaraglia y es, ciento por ciento, un thriller.
P.: Sus comienzos en la televisión fueron de la mano de su padre, Tato Bores ¿No tiene ganas de volver a ese humor político?
S.B.: Yo no volvería a hacer un programa de humor de ningún tipo.
P.: ¿Está pensando «La cajita Social Show», el programa humorístico que le levantó canal 13?
S.B.: Después de esa experiencia yo llegué a la conclusión de que para lanzar un programa de humor es indispensable contar con un mínimo de tiempo para desarrollarlo. Porque a un programa de humor hay que ir consolidándolo en el aire. Yo siempre digo que «Tiempo final» es un plato de comida básico como unas milanesas con papas fritas. En cambio, un programa de humor que tiene sketches, pastillitas, situaciones y gags es como una gran picada: te gusta esto, pero no lo otro, alguien se ríe de una cosa y yo de otra, y así. Por eso no se puede hacer un programa de humor de laboratorio, insisto, hay que moldearlo en el aire y con tiempo, pero la televisión de hoy ya no tiene esos tiempos.



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